“Hubo un agudo sollozo- y la daga cayó brillante sobre el
negro piso, sobre lo que un minuto más tarde, llevaría a la muerte de Lord
Prospero.”
La máscara de la muerte roja- Edgar Allan Poe
Porque alguien dijo que
las estrellas estaban arriba
y con eso cambió una
vida
E hizo dormir a una
bebé con sus canciones
que no eran de cuna.
Eres la inspiración
para esta historia.
Tú, y un río de sangre.
Mi cuerpo,
santuario
Jamás he empezado una historia
con la célebre frase “Erase una vez” porque jamás la he precisado, pero para
contar esta historia debo prescindir de esta y miles de otras frases
previamente creadas porque no se ha contado una historia como ésta. O quizás
jamás la habré leído, pero no vamos a constatar una lista de todos y cada uno
de los libros que he abierto sino para dar testimonio de la historia de vida de
una joven en particular.
Su nombre era Lili. Su madre,
una mujer de un trabajo de buena paga se lo puso así por su pasión por los
lirios. Lili, jamás lo supo, ni lo sabrá ya que su madre falleció cuando la
pequeña tenía un año.
Se preguntarán porque este
narrador no mencionó al padre de la criatura… bueno, el padre, no se sabe quién
es. Su trabajo era de buena paga, si, pero era un trabajo deshonroso para ella.
Decenas de hombres se presentaban por semana para tratar de seducirla y ella
donaba su tiempo para complacer a hombres que no tenían nada más que hacer
aparte de satisfacer sus banales placeres sexuales en una prostituta de un muy
lujoso cabaret.
Y así Octubre, dio paso a Junio
y nació una pequeña niña de rasgos “normales”, un pelo castaño envidiable y
unos ojos verdes, los ojos verdes más hermosos que jamás nadie había visto.
Unos ojos verdes que se criaron bajo los ojos castaños y sobre protectores de
un matrimonio de clase alta de los mejores barrios de su Buenos Aires natal.
Años más tarde, joven hermosa y
delicada salía de ese hogar que sobrepasaba por muchísimos eones a la
precariedad de una humilde morada de clase media. Daba sus últimos pasos como
la hija de “aquel” matrimonio; y empezaba una vida de adulta.
Más que decir adulta, esa joven
se escapó de su hogar, se había hartado de la clase alta, de tener como
esclavas dos mucamas que no la dejaban respirar, y dos padres que lo único que
le dirigían era un simple “hasta luego” a comienzos de la mañana.
19 años. Esa joven no tenía modo
de sobrevivir en el mundo real, el mundo que realmente le demostraría lo duro
que fue su pasado, lo mucho que se tuvo que pelear para poder llegar hasta
donde ella estaba ahora, en el borde de su gran y lustroso portón, separando
con un simple paso, su feliz niñez, su decente educación, su bienestar
económico.
Salió a las calles con nada más
que un vestido que llevaba puesto en la cena, corriendo y con un poco de dinero
que puedo tomar antes de escaparse. Vagabundeo por eternos otoños hasta
encontrar un local de mala muerte llamado “Les Nuits des vouyers”. El dinero
que antes había tenido voló de sus manos como un colibrí, no tenía ni un mísero
centavo para pagar algo para comer. Entró con esperanzas de que un alma
bondadosa se apiadara de ella y la ayudara aunque sea con unas pocas migas de
pan.
Se había prometido así misma no
volver más. Esa no era su vida, no era su familia y se había comprometido en
encontrar la verdad detrás de su oscuro pasado.
Lady Pleasures manejaba el
lugar. Sus chicas trabajaban casi sin descanso para ella, el negocio de la
prostitución le era próspero. Al entrar, Lili se encontró en frente a la
regordeta mujer vestida con lencería carmesí.
-
Cuán extraño para una bella y joven señorita como
usted, caer en semejante lugar, desprovista de recurso alguno para subsistir,
siquiera pagar por mis servicios, pero créeme que en “Les Nuits des vouyers”,
mis chicas no están dispuestas a semejante desafío. Confío en que mi clientela
siga siendo masculina.
-
No, señora, no estoy aquí por sus servicios. Necesito
un lugar donde comer y pasar la noche. Mi nombre es Lili.
-
Que nombre más peculiar, peculiar realmente, me hace
pensar... Mira querida, aquí nos especializamos en ofrecer servicios sexuales a
hombres desesperados que precisan una noche apasionante lejos de su trabajo,
familia, compromisos, etc. No somos un simple hotelucho de cuarta.
-
Créame, se hablar francés. Estoy desesperada, me podría
ayudar. Haré lo que sea.
-
Querida mía. Lo único que aquí puedes hacer es trabajar
como prostituta, y así ganar suficiente dinero como para subsistir, si quieres
llegar lejos, esto no es lo tuyo, créame.
Y así, la joven Lili,
desesperada por vivir, por alejarse de esa fantasía de la clase alta, comenzó a
trabajar como ramera, bajo la tutela de la señora Maine, que era mejor conocida
y pocas veces nombrada como la mismísima Lady Pleasures. Queriendo ganar lo
suficiente como para escaparse de ahí para tener una vida digna. No podía ya
volver atrás, no desde que encontró ese papel.
Papel de adopción. Sin
especificar nombre paterno, pero con un simple garabato en el nombre de la
madre, sin firma. Sarah. Sarah Deviant. Enferma por su propia incredulidad,
escapó a la nada, al antro de sexo que le deparaba su malévolo destino.
Una semana pasó cuando el
cliente más asiduo del prostíbulo abrió las puertas del mismo y posó su mirada
en aquella muchacha de ojos verdes.
-
¿Quién es la nueva, Maine?- Inquirió el hombre de poca
cabellera y barriga prominente.
-
Oh, ella. Esa es
Lili, llegó hace una semana.
-
La quiero.
-
Lili! A la habitación tres, conocerás a tu nuevo mejor
cliente.
La desprovista cara de
entusiasmo de Lili lo decía todo. Entró ella y detrás la siguió el hombre. Le
ordenó que se sentase con él, que primero iban a charlar un poco.
Le contó sobre su apasionada y
morbosa forma de ser, de cuan duro y “hardcore” decía ser mientras ella cada
segundo que pasaba quería que ya acabase su turno.
Poco sabía esta joven sobre el
hombre con quien estaba sentada. Poco sabía este hombre sobre la joven con
quien estaba sentado.
-
Te pareces mucho a una mujer que solía pasar horas
conmigo en esta misma habitación.
-
No es que sea entrometida, pero tengo una cara muy
natural, quizás me debe confundir con alguien.
-
No, no. Sarah Deviant no podía pasar desapercibida y
tenía los mismos ojos que tú.
-
¿Sarah Deviant has dicho?
-
Sí, supe que tuvo una hija, me lo contó unos días antes
de morir, aparentemente era hija mía, recuerdo que una vez vinieron unos
agentes del gobierno a decirme que debía hacerme cargo de la pequeña pero los
mandé a cagar, quién soy yo para tener una carga más en la vida como una
pequeña mocosa, hija de una prostituta, ¿no crees?
Lili Deviant se arrimó a la puerta, nadie la vio
escabullirse con una bolsa en la mano, salió apresurada y corrió lo más lejos
posible de ese lugar. Cuando ya estaba lejos en un campo, hizo un pequeño
agujero en la tierra húmeda sobre la cual se había echado a llorar por largas
horas. Largas horas pensando sobre como su inservible vida ahora tenía sentido,
de cómo no conoció a su madre, tuvo un breve contacto con su padre y se escapó,
de unos de los prostíbulos más concurridos del país. Un prostíbulo en el cual
había llegado la policía media hora después de haber recibido una llamada de
Maine, diciendo que había un hombre decapitado en el medio de uno de sus
cuartos en un charco de sangre que llenaba la habitación. Las jóvenes una por
una tuvieron que dar testimonio. Todas excepto una. La única que estaba
enterrando en ese instante la cabeza de su padre en un campo en las afueras de
la ciudad. Una chica que no tenía identidad propia, solo era Lili Deviant.