jueves, 28 de marzo de 2013

Mi Cuerpo, Santuario


“Hubo un agudo sollozo- y la daga cayó brillante sobre el negro piso, sobre lo que un minuto más tarde, llevaría a la muerte de Lord Prospero.”
La máscara de la muerte roja- Edgar Allan Poe

Porque alguien dijo que las estrellas estaban arriba
y con eso cambió una vida
E hizo dormir a una bebé con sus canciones
 que no eran de cuna.
Eres la inspiración para esta historia.
Tú, y un río de sangre.

Mi cuerpo, santuario

Jamás he empezado una historia con la célebre frase “Erase una vez” porque jamás la he precisado, pero para contar esta historia debo prescindir de esta y miles de otras frases previamente creadas porque no se ha contado una historia como ésta. O quizás jamás la habré leído, pero no vamos a constatar una lista de todos y cada uno de los libros que he abierto sino para dar testimonio de la historia de vida de una joven en particular.
Su nombre era Lili. Su madre, una mujer de un trabajo de buena paga se lo puso así por su pasión por los lirios. Lili, jamás lo supo, ni lo sabrá ya que su madre falleció cuando la pequeña tenía un año.
Se preguntarán porque este narrador no mencionó al padre de la criatura… bueno, el padre, no se sabe quién es. Su trabajo era de buena paga, si, pero era un trabajo deshonroso para ella. Decenas de hombres se presentaban por semana para tratar de seducirla y ella donaba su tiempo para complacer a hombres que no tenían nada más que hacer aparte de satisfacer sus banales placeres sexuales en una prostituta de un muy lujoso cabaret.
Y así Octubre, dio paso a Junio y nació una pequeña niña de rasgos “normales”, un pelo castaño envidiable y unos ojos verdes, los ojos verdes más hermosos que jamás nadie había visto. Unos ojos verdes que se criaron bajo los ojos castaños y sobre protectores de un matrimonio de clase alta de los mejores barrios de su Buenos Aires natal.
Años más tarde, joven hermosa y delicada salía de ese hogar que sobrepasaba por muchísimos eones a la precariedad de una humilde morada de clase media. Daba sus últimos pasos como la hija de “aquel” matrimonio; y empezaba una vida de adulta.
Más que decir adulta, esa joven se escapó de su hogar, se había hartado de la clase alta, de tener como esclavas dos mucamas que no la dejaban respirar, y dos padres que lo único que le dirigían era un simple “hasta luego” a comienzos de la mañana.
19 años. Esa joven no tenía modo de sobrevivir en el mundo real, el mundo que realmente le demostraría lo duro que fue su pasado, lo mucho que se tuvo que pelear para poder llegar hasta donde ella estaba ahora, en el borde de su gran y lustroso portón, separando con un simple paso, su feliz niñez, su decente educación, su bienestar económico.
Salió a las calles con nada más que un vestido que llevaba puesto en la cena, corriendo y con un poco de dinero que puedo tomar antes de escaparse. Vagabundeo por eternos otoños hasta encontrar un local de mala muerte llamado “Les Nuits des vouyers”. El dinero que antes había tenido voló de sus manos como un colibrí, no tenía ni un mísero centavo para pagar algo para comer. Entró con esperanzas de que un alma bondadosa se apiadara de ella y la ayudara aunque sea con unas pocas migas de pan.
Se había prometido así misma no volver más. Esa no era su vida, no era su familia y se había comprometido en encontrar la verdad detrás de su oscuro pasado.
Lady Pleasures manejaba el lugar. Sus chicas trabajaban casi sin descanso para ella, el negocio de la prostitución le era próspero. Al entrar, Lili se encontró en frente a la regordeta mujer vestida con lencería carmesí.
-         Cuán extraño para una bella y joven señorita como usted, caer en semejante lugar, desprovista de recurso alguno para subsistir, siquiera pagar por mis servicios, pero créeme que en “Les Nuits des vouyers”, mis chicas no están dispuestas a semejante desafío. Confío en que mi clientela siga siendo masculina.
-         No, señora, no estoy aquí por sus servicios. Necesito un lugar donde comer y pasar la noche. Mi nombre es Lili.
-         Que nombre más peculiar, peculiar realmente, me hace pensar... Mira querida, aquí nos especializamos en ofrecer servicios sexuales a hombres desesperados que precisan una noche apasionante lejos de su trabajo, familia, compromisos, etc. No somos un simple hotelucho de cuarta.
-         Créame, se hablar francés. Estoy desesperada, me podría ayudar. Haré lo que sea.
-         Querida mía. Lo único que aquí puedes hacer es trabajar como prostituta, y así ganar suficiente dinero como para subsistir, si quieres llegar lejos, esto no es lo tuyo, créame.
Y así, la joven Lili, desesperada por vivir, por alejarse de esa fantasía de la clase alta, comenzó a trabajar como ramera, bajo la tutela de la señora Maine, que era mejor conocida y pocas veces nombrada como la mismísima Lady Pleasures. Queriendo ganar lo suficiente como para escaparse de ahí para tener una vida digna. No podía ya volver atrás, no desde que encontró ese papel.
Papel de adopción. Sin especificar nombre paterno, pero con un simple garabato en el nombre de la madre, sin firma. Sarah. Sarah Deviant. Enferma por su propia incredulidad, escapó a la nada, al antro de sexo que le deparaba su malévolo destino.
Una semana pasó cuando el cliente más asiduo del prostíbulo abrió las puertas del mismo y posó su mirada en aquella muchacha de ojos verdes.
-         ¿Quién es la nueva, Maine?- Inquirió el hombre de poca cabellera y barriga prominente.
-         Oh,  ella. Esa es Lili, llegó hace una semana.
-         La quiero.
-         Lili! A la habitación tres, conocerás a tu nuevo mejor cliente.
La desprovista cara de entusiasmo de Lili lo decía todo. Entró ella y detrás la siguió el hombre. Le ordenó que se sentase con él, que primero iban a charlar un poco.
Le contó sobre su apasionada y morbosa forma de ser, de cuan duro y “hardcore” decía ser mientras ella cada segundo que pasaba quería que ya acabase su turno.
Poco sabía esta joven sobre el hombre con quien estaba sentada. Poco sabía este hombre sobre la joven con quien estaba sentado.
-         Te pareces mucho a una mujer que solía pasar horas conmigo en esta misma habitación.
-         No es que sea entrometida, pero tengo una cara muy natural, quizás me debe confundir con alguien.
-         No, no. Sarah Deviant no podía pasar desapercibida y tenía los mismos ojos que tú.
-         ¿Sarah Deviant has dicho?
-         Sí, supe que tuvo una hija, me lo contó unos días antes de morir, aparentemente era hija mía, recuerdo que una vez vinieron unos agentes del gobierno a decirme que debía hacerme cargo de la pequeña pero los mandé a cagar, quién soy yo para tener una carga más en la vida como una pequeña mocosa, hija de una prostituta, ¿no crees?
Lili Deviant se arrimó a la puerta, nadie la vio escabullirse con una bolsa en la mano, salió apresurada y corrió lo más lejos posible de ese lugar. Cuando ya estaba lejos en un campo, hizo un pequeño agujero en la tierra húmeda sobre la cual se había echado a llorar por largas horas. Largas horas pensando sobre como su inservible vida ahora tenía sentido, de cómo no conoció a su madre, tuvo un breve contacto con su padre y se escapó, de unos de los prostíbulos más concurridos del país. Un prostíbulo en el cual había llegado la policía media hora después de haber recibido una llamada de Maine, diciendo que había un hombre decapitado en el medio de uno de sus cuartos en un charco de sangre que llenaba la habitación. Las jóvenes una por una tuvieron que dar testimonio. Todas excepto una. La única que estaba enterrando en ese instante la cabeza de su padre en un campo en las afueras de la ciudad. Una chica que no tenía identidad propia, solo era Lili Deviant.


Elocuente Estafa


“-Juras- Le dije – Que no causarás más daños; ¿No has demostrado ya un grado de maldad que debiera, con razón, hacerme desconfiar de ti? ¿ No será esto una trampa que aumentará tu triunfo, al otorgarte mayores posibilidades de venganza?”
Frankestein- Mary W. Shelley

A esa persona que me habló en el camino
Que aunque jamás le hablo, de algún modo siempre me escucha
Y me salva de la perdición esa que no me gusta frecuentar.

Elocuente estafa

Era un jueves, siempre en mi vida era jueves. Se hacían las tres de la tarde. Mis pasos eran guiados nuevamente en un antro de asquerosa rutina a la nueva definición de infierno.
La rutina, no se dan una maldita idea de cómo odio la rutina. Brindo por la rutina, siempre lo mismo: levantarse temprano, asistir al trabajo, mediodía, almuerzo, infierno, vuelta a casa, resto del día normal. Solo una simple hora, podía desequilibrar toda una planificada y lógica rutina.
Lo que en mi vida era una hora, en algunos pasaba como microsegundos. Odiaba ese hecho. ¿Por qué tanta facilidad para transcurrir el tiempo, si son simples personas, no han tenido el gusto, el honor de presenciar la revelación como yo?
De todas maneras no es lo que realmente importa. La cuestión que de un momento a otro él apareció en esa esquina, y me hablo. Finalmente la verdad estaba ante mis ojos.
-¿Qué es lo que haces?, me dijo.
 -Camino, le respondí.
-¿Hacia dónde?
- Mi  perdición.
-Yo puedo darte la respuesta a tu problema.
-¿Ah sí? ¿Y cómo puede ser eso?
-Sabes que sé. Solo sígueme.
La figura encapuchada me señaló un desvío en aquella esquina y yo sin dudar la seguí. Fuimos caminando un largo trecho, hasta que me señaló un edificio abandonado. Cercado estaba el perímetro de aquel viejo hospital, en el cual centenares de veces había él oído la historia del asesino y los pacientes del ala de emergencias.
-Entra- Ordenó. Simplemente movió sus labios extrañamente pálidos para pronunciar una sola palabra. Entra. ¡Y qué poder para ordenar tenía! Al simple sonar de sus labios cual niño hipnotizado en un espectáculo de magia entré.
Deambule lo que yo creí que estaba solo con sus ágiles pero a la vez lentos pasos detrás de mí. ¡Cuántas incontables veces había visto en una película a un grupo de jóvenes ingresar en un hospital abandonado para ir muriendo uno por uno asesinados por una entidad fantasmal o un asesino despiadado! Y heme allí, transitando esos mismos pasillos, vacíos y con la tenue luz del sol reflejando desde sus rotas ventanas. Agujas rotas, estetoscopios, batas quirúrgicas manchadas de bordo yacían a mi alrededor.
-Habitación 1683- Pronunció una voz en mi cabeza. Frente a mí, la puerta. Sin vacilar la abrí y con mis ojos y vislumbré, sin lugar a duda alguna, la peor de las escenas que hasta entonces había presenciado. Sangre salpicaba las paredes de un claro beige. Pedazos de carne, huesos, entremezclados en el más putrefacto de los olores. Asustaba, sí, pero yo lo miraba maravillado. El pequeño individuo salía despacio debajo de la camilla con sus manos enchastradas en un sutil carmesí. Tenía ante mis ojos, mis desprovistos ojos, al perpetrador de semejante masacre. Había resuelto el caso que por tantos años había quedado en el olvido. El ser sangriento se acercó a mí.
Tuve volarle de una patada su cabeza. Cayó inconsciente en frente de mis pies.
-¿Entiendes ahora?
-Totalmente
-Ahora, el precio ya está pactado. Sabes lo que debes hacer.
-Lo sé muy bien señor.
Y al decir esas palabras desapareció. Al no verlo más encaminé mis pesados pasos hacia el infierno nuevamente.
Al llegar los vi, uno tras otro entraban en esa enorme habitación, pues no sabían quién cerraría con llave la puerta en cuestión de minutos.
Pánico. Pánico mezclado con el olor de la sangre. Eso realmente era el infierno. Era lo que más me gustaba del infierno, ver a esa gente sufrir ante mí.
-No, no lo hagas. Sé que no eres así.
Un único joven había quedado.
-Ve, y diles a todos lo que yo he sentenciado. Eres mi nuevo lacayo.
Y mientras corría a su perdición, yo apilaba lentamente los cuerpos.
Al llegar la policía no habían ya manchas de sangre en las paredes, no habían cuerpos despedazados por doquier. El joven escéptico se echó para atrás y no creía lo que veía. Todos los cuerpos de esos jóvenes habían desaparecido, y jamás aparecieron, a pesar de las constantes búsquedas por las denuncias de desaparición
Yo tampoco lo creía. Estaba cómodamente sentado en la cama de la habitación 1683, de ese abandonado hotel con una pila de cadáveres putrefactos al lado mío, con el del ser que habitaba en la habitación encabezando la pirámide.
-Eres mucho mejor que él.
-Lo sé, ahora que ya elegí a mi reemplazo, sólo debo esperar a que termine mi legado.
-¿Reemplazo? El anterior poseedor, simplemente enloqueció. Supongo que no era lo suyo, pero veo que contigo no me equivoqué.
-Poco a poco, el momento se acercará en el que tendrás que avisarle que vendrá a cumplir mi deber.
-Pero mientras tanto veremos como sigue tu reinado.
-Matar es lo que más placer me da.
-Lo sé, Neitt. Lo sé.