domingo, 21 de octubre de 2012

El Segador De Almas


“Sus ojos verdes acababan de enviarle un mensaje claro y diáfano. «No preguntes nada y haz lo que te digo.»”
El Código Da Vinci- Dan Brown

Solo enamorándolo lo mataras.
Para vos es mi sangrienta historia
Tú, que mataste al sueño de un mundo mejor
Tú. Que espero que regreses en vano, y me des lo que a él le causó su muerte
Y en mí causará felicidad, y quién sabe
Tal vez, y solo tal vez, termine igual que él.

El Segador De Almas


Se levantó una mañana sabiendo que ya llegaba tarde, tarde para su primer día en la universidad, un sórdido lugar donde las mentes superiores tratan de inducir a los débiles para que sigan su doctrina de olvidarse del mundo excepto de uno mismo. Se levantó tarde pero él sabía que no importaba. Era solo el primer día ya lo sabrían disculpar. Subió a un taxi y se encontró con que todavía estaba a tiempo de llegar, ni modo, llego con el tiempo justo. Pero tarde no llegó.
Lo vio entrar apurado y rápidamente se dio cuenta de que lo que había estado buscando por 150 años había entrado por la puerta, oliendo a sudorosa exasperación y los nervios de un novato más. Era un olor diferente al del resto. Finalmente encontró el alma pura que lo iba a liberar de ese infernal mundo de depresión y odio.
Llegó corriendo a secretaría pidiendo un horario. En cuanto lo obtuvo salió corriendo a su primera clase. Anatomía. Su sueño desde pequeño fue convertirse en un afamado doctor, el destino no le sonreía demasiado. Pero él, no lo sabía.
Entró de último, antes que el profesor. Se decía en las calles que le decían “la llama”, nadie sabía si era por su fuerte temperamento o porque la fila de enfrente siempre terminaba empapada en su sudor. El hombre esperó hasta que el último joven se acomodara en su respectivo asiento y comenzó a dar un sermón de hora y media de lo que era la anatomía y de lo que les esperaba en sus siguientes 6 años de vida, si es que seguían vivos después de un par de años en su carrera. Terminó su clase y se dio cuenta de que “la llama” era por su carácter, ya que había mandado 3 pilas de libros para leer y demasiada tarea, y no lo pidió de un buen modo.
Bueno, esos seis años, los sacrificaría por lo que fuera. Siempre le interesó todo lo que fuera medicina, no era raro pensar que se anotaría en una de las mejores universidades para estudiar esa carrera. Siempre le interesó medicina, jamás lo sobrenatural, lo inexplicable, y en cierto modo, lo ineludible. Pero se dio cuenta con el paso de los días, que lo único que no aprendería ahí de su experiencia social, sería como ser un buen médico.
10.15. Llegaría tarde a biología.
-Tranquilo tigre ¿A dónde corres tan rápido?
-Tengo clase con una tal… emm… Profesora Yale.
-Oh, no creo que quieras llegar tarde, pero no corras, tengo que mantener limpio todos estos pasillos.
-Gracias, soy Chris.
-De nada Chris, soy Ned, el conserje, que tengas un buen día.
La profesora Yale era una bondadosa y gentil perra, por suerte se descompuso a mitad de la clase y se tuvo que retirar, así que fueron al parque el pequeño grupo que se había sentado atrás de todo en la clase y pudieron desayunar mientras descansaban.
-¿Ya han escuchado de las historias terroríficas de esta universidad?
-No- Respondió Chris, pero soy de los que no creen en todas esas cosas de asesinatos y fantasmas que buscan venganza.
-Pues dicen que es cierto, esta universidad está aquí hace casi cien años. Es de las más antiguas y prestigiosas universidades de la nación, es obvio que tiene sus historias y secretos oscuros. Cuentan los alumnos que ya han egresado que hay una presencia maligna en la universidad solamente hubo veintitrés asesinatos, profesores y varios alumnos, pero se cree que fue un alumno enojado, creo que está en este momento en algún loquero del país.
-Son patrañas tuyas, no inventes- Soltó una ávida joven de cabellera rubia.
-No, no estoy seguro pero creo que es verdad. Cuentan los que ya tienen experiencia que en los pasillos de este pabellón habita una bestia poderosa que puede absorber cualquier clase de alegría en el ambiente.
-Pero yo crucé ese pabellón para ir a biología, y lo único que me cruce fue a Ned el conserje y a un joven igual de apurado que yo, al cual se le cayeron un par de libros que decían su nombre, creo que era Evan, y te juro que no vi nada terrorífico en ninguno.- Dijo Chris riendo.
-Ya lo sé estúpido, pero dicen que es muy común pasar por la noche y ver luces prendidas, o escuchar gritos tenebrosos.
Chris maquinó una idea perfecta para salirse con la suya y probar su escéptica teoría.
-Entonces uno de estos días nos quedaremos de noche en la universidad y veremos que tanto “asusta”.
-Tú estás realmente loco, no me quedaré a presenciar este acto de locura ni en un centenar de años.- Contestó la joven blonda.
Como narrador, mi deber es decirles, en este momento, que Chris muy pronto se arrepentiría de su precoz decisión. Como narrador, mi deber es decirles, en este momento, que Chris y sus amigos, jamás volverían a pasar por momentos decisivos como esos.
-De acuerdo- Dijo Chris- La noche del 6 estaremos todos listos para ingresar al edificio por la noche. Que ninguno sea tan marica de retroceder.
Llego la noche, sus amigos lo estaban esperando en la parada de colectivo en frente al edificio central de la universidad y cuando llego Chris se predispusieron a entrar.
Lo vio entrar apurado y rápidamente se dio cuenta de que lo que había estado buscando por 150 años había entrado por la puerta, nuevamente, oliendo a sudorosa exasperación y los nervios de un joven asustado más. Era un olor diferente al del resto. Finalmente encontró el alma pura que lo iba a liberar de ese infernal mundo de depresión y odio. Finalmente, Chris había caído presa de su mortal trampa.
Los jóvenes caminaban ávidos pero a la vez temerosos de que ocurriese algo fuera de lo normal. De repente las luces comenzaron a titilar precozmente y la colegiala rubia no lo soporto más, salió corriendo de la mano de una joven de cabellera oscura fuera del pasillo hacia el hall central. Se dio cuenta de que esa era su chance y cerró todas las puertas y las ventanas a la vez. Las jóvenes expelían gritos de locura y terror. Todos comenzaron a asustarse y a temer por sus vidas, corrían como desaforados por el pasillo buscando una salida con los ojos cerrados sin ver la realidad que estaban afrontando. Chris era el único que veía la realidad, y en un pálido sudor se quedaba parado en seco frente a un enorme y horroroso destino.
-Un siglo y medio esperando por ingerir tu alma pura libre de pecado, es desde ahora que comenzaré a vivir.
Chris empalideció aún más, y reconoció en esos ojos al terrible personaje de casi 3 metros de alto, con espantosas y terroríficas alas negras, cuyos cuernos retorcidos rozaban el cerámico del techo. Era Evan.
Fue lo último que Chris pudo pensar, pudo sentir, pudo gritar. Segundos después de pronunciar el nombre todos callaron, y se quedaron mirando a Chris, que comenzó a extender su cuerpo hacia el techo, sin nadie ni nada alrededor que lo sostuviera y tan rápido como ascendió, cayó bruscamente al suelo con un golpe seco.
Aún todavía por estas fechas, se rumorea que un tal Evan, quien jamás en la vida nadie había escuchado hablar en esa universidad, poseyó y asesinó a un estudiante de medicina, cuyo único propósito era el de salvar vidas. Algunos dicen que fueron puros inventos y que Chris murió de un simple infarto por el shock y el susto, pero un grupo de 6 jóvenes de medicina, dejaron bruscamente la carrera, y jamás salieron a ver la luz del día nuevamente.
Y todavía por las noches se oye una risa macabra y gritos de horror pidiendo por ayuda, y aún así, siempre Ned, limpia cualquier rastro de suciedad que haya por ese pasillo, para que nadie sepa nunca, que durante más de 150 años, él vivió limpiando ese pasillo, buscando por almas puras y nobles que lo liberen de su cruel castigo.

martes, 17 de julio de 2012

La mujer de mi vida


“Pienso en Janice, en el modo en que la perdí, en el modo en que se desvaneció entre mis brazos bajo la lluvia, y espero.”
El pasillo de la muerte- Stephen King

A la mujer que me haya enamorado
De esa manera, porque a pesar de que ya
Se escriba con sangre de adulto,
El corazón, sigue siendo del mismo inútil adolescente.
A la campana de advertencia que me inspiró

La mujer de mi vida


Sucedió todo en un minuto. Un simple apagón de luz, un simple pestañear, una simple forma de enamorarse de una mujer.
Y quién me había mandado a mí a enamorarme de “esa” mujer. Hermosa, de la cabeza a los pies, morena, y de una inocencia que cabe destacar que en escasas personas yo había encontrado.
Una clase de “Femme Fatale” que mataba con una hermosa y denotada sonrisa, y esos ojos, esos ojos que eran de un cautivante marrón oscuro. Tanta hermosura debía ser tratada con cuidado.
La veía casi a diario, la tortura era diaria. Parecía rutinario, levantarse, cruzarse con ella, no hablarle nunca y regresar a casa y continuar con la rutina.
Escasas eran las veces que nos dirigíamos la palabra, inmensa era la separación que existía entre ambos, pero los dos sabíamos que tendríamos que construir ese puente que uniera ambos mundos.
Hasta ahora todo es dulzura y amor, es aquí exactamente donde entra el villano de la historia, desde mi perspectiva. Podemos llamarlo “El futuro novio”, a pesar de que no lo era, ese era el “título popular”, el destino que él suponía, ya estaba escrito así.
Juro que nadie jamás, ni en centenares de años, podría haber visto esos ojos como los he visto yo; haber visto esa sonrisa, como la sentí tan cerca, y a la vez tan lejana a mí.
No daría por vencido lo único que me había hecho feliz de esa manera.
Yo sentía que ella me amaba, de una manera era cierto, tendría que serlo.
El océano se negaba a darse por vencido, a dejarla partir. Este océano, lo único que quería hacer era tratar de controlarla y lograr que se ahogue en un vacío de dolor. Ella se estaba ahogando, solo faltaba una mano que la levantara.
Eso era para ella y para mí. Los dos mereceríamos esa pequeña isla desolada, cerca de un mar tranquilo. Trataría por cualquier motivo, de conseguir llegar a esa isla, lejos de esta sociedad dominante. Igualmente, yo también quería de cierto modo, dominar su vida, quería que ella fuera mía. ¡Qué sentimientos más egoístas! ¿Verdad? No me importó. No me importó cruzar el océano a pesar de las advertencias, no me interesó en lo más mínimo. La quería para mí solamente.
Mis esfuerzos fueron en vano para comenzar, aún cuando cada vez que me acercaba a ella, parecía que cada vez se alejaba más, más y más.
Todos queremos amar, desde el más pequeño de los organismos vivos hasta el más rudo de los animales sapientes. Todos quieren a alguien a quien puedan amar, ¿pero por qué nadie quería amarme? ¿Por qué nadie dejaba que la amara?
Sencillamente, me había hartado de esta vana represión de la sociedad, así que decidí si yo no podía amarla a mí manera, la amaría de la manera en la que me quedaba; solamente ella y yo, sin nadie alrededor, ni nadie entrometido en el medio.
Fue en esa noche oscura donde la rapté. Bastó con mirarla a los ojos y decirle un simple y tierno “Estoy loco por vos, terriblemente enamorado” para que ella se dejara llevar por la borda. Todos sus sueños y metas los dejó en esa vereda, cuando dio un salto mortal por la ventana para echarse al vacío. Se echó al vacío conmigo. 5 minutos duramos corriendo descontroladamente hasta encontrar un refugio en una caverna desierta lejos de la sociedad que la quería restaurar a su viejo modelo de marioneta.
Se notaba en sus ojos las ansias por ser libre, por vivir una vida conmigo.  Yo estaba listo y decidido a vivir esa vida con ella, costara lo que costara.
Fue un momento de mucha tensión, en el umbral, apareció él. Su futuro novio estaba en frente a nosotros con una decisiva intención de acabar con mi vida. Les diría que lo podría haber logrado, pero de serlo, no estaría escribiendo estas líneas ¿No es así? Tras su penosa actuación, fue muy fácil descubrir que era extremadamente pésimo en disparar un arma de fuego, yo no. Ella no soportó tanto miedo, gritaba demasiado en un agudo mi sostenido, y tras los gritos del Ex-Futuro novio descubrieron donde estábamos. Los padres fueron los primeros en irrumpir en el recinto. Fue una selva de gritos donde no se podía distinguir ningún camino. Corrimos con todas nuestras fuerzas y pese a los intentos de la sociedad de reprimirnos, nadie logró separarnos, ni jamás encontrarnos nuevamente.
Finalmente llegamos a esa pequeña isla desierta, donde seremos ella y yo, por toda la infinita eternidad, sin nadie por quién preocuparnos.

Monster


“El monstruo fue apresado junto al falso profeta [...] Entonces el monstruo y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde el azufre”
Ap. 19;20

La obviedad es una virtud, que quién conoce de ella
Sabe distinguir la realidad de este hecho.
Esta secuela fue echa para demostrar que los dos tenemos un lazo sanguíneo.
Para demostrar el poder de un ángel guardián.
No significa que un profesor deba morir dos veces en un mes.
Para vos, que me enseñaste a poder luchar por lo que quiero y perderlo a la vez.
Dueño de noches eternas, de silencios profundos y de peleas de dos minutos. 
El hermano del otro vientre
“El Monstruo que me protege”

Monster


Les voy ahora a contar, la trágica historia de la vana muerte de mi hermano, luego de que presumió muerto al asesino de su novia, después de haberle pegado un tiro en la frente en un lluvioso día de primavera
Lo conocí un día tan normal como los demás, fue un miércoles. Costó, pero al poco tiempo nos hicimos inseparables. Era raro no vernos juntos, casi todas las tardes, quedándonos callados por largos ratos, pero entendiendo todo lo que callábamos con un simple cruce de miradas. Era fácil ser amigos, parecía que ya lo sabíamos antes de conocernos.
Aquella fue la peor de mis primaveras.
Todo comenzó un fatídico día de Junio. Habían asesinado a su novia. Desde ese entonces, su alma comenzó a flanquear. Interminables horas de silencio que tenía que soportar de él.
Conocía el límite de su locura, pero no supuse que iba a llegar a tal punto.
Fue una lluviosa mañana, tan lluviosa  que se inundaron las calles. Mientras que tanto yo, como mis otros compañeros, profesores y el resto de la escuela, corríamos por el establecimiento para buscar refugio, lo vi arrastrando los pies hacia la salida, empuñando una pistola. Apresuré mis pasos en medio del incesante caos y lo seguí.
-          Tu aura es oscura
-          El sabor de la sangre es extraño, sabe a dulce a pesar de la amarga consecuencia
-          Aún así, sigues siendo mi hermano
-          Y siempre lo seré
-          Hagas lo que hagas, lo sabes
-          Entonces aléjate, lo que menos te conviene ahora es estar cerca de mí. Pronto despegaré
-          Rezaré por ti
-          Vete
Todavía sus sórdidas y frías palabras siguen atravesando mi corazón.
Jamás pensé que iba a quitarse la vida. Siento que no es mi culpa, pero todavía sigo castigándome por ello, y más después de lo que aconteció la semana siguiente.
Media hora después de que la lluvia cesara, los docentes se percataron de que el profesor que nos daba clases faltaba. Fueron al curso y se escucharon los gritos. Dos minutos más tarde encontraron el cuerpo inerte fuera del recinto escolar. Llamaron rápidamente una ambulancia y lo llevaron a él y a mi hermano.
Cuando encontró el cuerpo de mi hermano, un único grito se escuchó, alertando a los demás, el mío.
Cuando salí, caí en la triste y cruda realidad. Él había muerto, y yo sabía, y solo yo lo sabía, que él había asesinado al profesor y luego se quitó la vida.
El arma fue hallada a escasos centímetros de él, sin siquiera una sola huella, como así habían aclarado los policías. Misteriosamente, no había rastros de pólvora en sus manos, así que la primera suposición fue un intento de asesinato doble.
Fue una semana gris la que se vivió en el colegio. Las pocas personas que se animaban a hablar, lo hacían de una forma silenciosa y tenebrosa. El curso de nuestro año, parecía que no existía. Fueron 3 días de luto.
Un funeral jamás se olvida. El entorno que te rodea es tan cínico, que no se puede hacer más que callar y lamentarse. Fui uno de los pocos que aferró el cajón hasta el último momento. No podía ver nada, las lágrimas empañaban mis ojos. Él nunca me había visto llorar. Pero si lo hubiera visto, aseguro que no le gustaría. Solía ser una persona fuerte hasta ese preciso momento, donde mis manos rozaron el cuerpo de una persona, a la que quise casi más que a mi vida. El cuerpo de mi hermano.
El funeral acabó, la lluvia dejó de caer. Y aún así, yo seguía sufriendo de la misma manera de siempre. Aún más.
Cuatro días después del entierro, llegó la malévola noticia. Ese hijo de re mil puta seguía vivo. Ese hijo de re mil puta que llevó a mi hermano al suicidio. “Estable, con mejoras increíblemente rápidas”, se dictó. “Nublado, con probabilidades de un pronto fin del mundo”, pensaba yo.
Un mes más tarde, todo había vuelto a la normalidad, ya nadie lloraba, y todos se alegraban- o por lo menos sus colegas docentes – de que el “profesor / asesino” volviera a enseñar en el sagrado recinto escolar. Doctrina de mierda.
Yo era, después de él, el único ser “vivo” que sabía del terrible incidente. En realidad, era el único que sabía que él había matado a la novia de mi hermano, y condujo al mismo, por la senda de la muerte.
¡Enfermos y corruptos policías! Nadie se dio cuenta de nada. De que ÉL había asesinado a la “dama de violeta”, como mi hermano gustaba llamarla cuando estaban solos. Me lo había contado una vez, y no hablamos mucho más del tema. A pesar de su repentino noviazgo con ella, él seguía hablándome como siempre.
Cierto día, fue un jueves, apareció devuelta. Estaba solo en mi casa, y lo vi en un rincón.
-          Hola
-          ¿Qué haces aquí?
-          Mira si habré pasado horas y horas aquí contigo y ahora haces como si no fuera mi casa
-          Estás muerto
-          Si, lo sé. No soy tonto hermano.
-          No quise decir eso.
-          Quédate tranquilo, no pasa nada.
-          ¿Qué  vienes a hacer acá?
-          Vine a que me ayudes para poder cruzar al otro lado.
-          ¿Te reuniste con la dama?
-          Si, está conmigo. Pero no podemos salir de aquí, pues nuestra alma pena.
-          ¿Qué debo hacer?
-          Siempre amé esa predisposición tuya.
Solo una vez más lo vi. Luego de eso, nunca más. Me encomendó una misión que solo yo, a esta altura, podía completar.
Debía terminar con la vida de aquel, a quien mi hermano presumió muerto.
El proceso fue uno arduo. Pero en ese momento, valía la pena. Luego, me cuestioné miles de veces, si debía hacerlo o no. Lo haría por mi hermano, pero de la dama jamás, y no es que no me cayera bien, pero no haría algo tan importante por ella, con el perdón de mi hermano.
Decidí hacerlo.
Ese día era uno muy soleado. No haría la misma escena que sufrió él. Era ya demasiado. Muy “Deja-vuesco”.
Terminó su clase, y salimos al recreo. El arma la tenía en mi bolsillo de la campera, nadie lo notó. Y así la mantuve por horas, mucho después de que terminará la jornada escolar. Al salir del instituto, subió a su auto cero kilómetro. No me quiero imaginar la cantidad de plata que sacó de no se que juicio a no se quién por el “accidente” de la bala.
Media hora más tarde, estaba tranquilo en su casa, sentando frente a la televisión, en un sillón tan cómodo como la estafa pueda pagarlo.
Vivía solo. Facilitaba tantas cosas. Para mí.
Desenlace violento.
Entré rápidamente y lo apunté con el arma. Nadie se dio cuenta.
-          No otra vez.
-          No hubiera hecho semejante atrocidad.
-          ¿Asesinar a una chica que no le hacía daño a nadie, no es nada? Sabes, nunca le dije a nadie. Pero no es la primera chica que asesino. Ésta debe ser la cuarta o la quinta.
-          ¿Pero cómo?
-          Diferentes escuelas, diferente identidad. Mi único fallo esta vez fue que ella tenía un novio enfermizo.
-          Jamás trate a mi hermano por un enfermo.
-          Trataré a tu “hermano” como YO quiera, si total, ¿algo cambiará el hecho de que me están apuntando con un arma por segunda vez?
-          No, pero quiero saber porque hasta ahora no lo ha encontrado nadie.
-          Un simple disparo. Diferentes partes del cuerpo. Diferencia de 3 meses. Lugares muy apartados.- Respondió riendo cínicamente
-          ¿Estás loco?
-          Que raro usted faltándome el respeto cuando en el aula es todo, Si señor.
-          Cierre el maldito culo, hijo de puta.
-          Ya no puedo creerlo, ¿Qué? ¿Es por alguna razón heroica hacia tu “hermano”?
-          No me haga reír, iluso. Le debía el favor. Y de paso, sacaremos un putrefacto asesino de la faz del planeta.
-          Adelante, hazlo. No tienes la suficiente decisión para hacerlo. El otro inútil lo hizo, pero no era él. Lo dominó la ira.
-          ¡CALLESE LE HE DICHO!
-          Hazlo.

-          Y finalmente lo hice. No una, sino seis balas. Fue tan placentero. Mi hermano tenía razón.
-          ¿Eso es todo lo que tiene para decir señor?
-          Si.
-          ¿Sabe las consecuencias de sus actos?
-          Veinte años en prisión, ni más, ni menos.
-          ¿Le parece que valió la pena?
-          Totalmente.
-          Como usted quiera, Sargento, lléveselo.

sábado, 30 de junio de 2012

El borracho bajo el árbol de Sakura


“La tarde era fresca. El mar tranquilo. Me sentí ligeramente tonificado. Súbitamente, vi otra vez las siete gaviotas del día anterior y esa visión me infundió renovados deseos de vivir”
Relato de un náufrago- Gabriel García Márquez

A un sobrino, que más que sobrino
Es un hermano perdido, o solo un simple psicólogo.
Que a pesar de tener problemas, los aparta para darle paso a los míos.
Al que estuvo en el nacimiento del monstruo
Y en la conclusión y posterior revisión del mismo.

El borracho bajo el árbol de Sakura


No era casualidad, que ella estuviera en ese mismo avión con destino a Japón. Fue todo meticulosamente planificado por ese pequeño granuja llamado “Destino”. Por su culpa, ella nació, se casó, se divorció, y ahora estaba en un avión con destino a Kyoto, Japón.
Unos inteligentes ojos verdes, combinaban perfecto con su lisa y sedosa cabellera marrón. Era alta, pero no mucho, del mismo modo, sus decentes tacos de secretaria la hacían tan alta como la mayoría de los hombres de su edad.
Razón del viaje. Negocios. Diez largas horas duró el viaje. Por suerte ella llevaba un pequeño dispositivo MP3 con música y batería para un día completo. Se durmió al sonar los primeros versos de “Lithium” de Evanescence.
Al despertar la miraban los ojos del hombre sentado junto a ella. “Ya llegamos, señorita.” Dijo en un tono amable. Ella asintió en señal de agradecimiento. Se alejó hacia el lado opuesto a la salida y buscó en el tercer asiento de la fila cinco.
“Vamos pequeño travieso, te extrañé”. Un pequeño niño, de los mismos y hermosos ojos, de 5 o 6 años, yacía sentado impaciente por su madre.
“Odie que nos dieran asientos separados, ojalá lo hayas pasado bien” El niño no dio una respuesta concreta, solo sonrío y tomó a su madre de la mano y juntos bajaron del avión.
El taxi los estaba esperando, subieron a él y los llevó derecho a un hotel.
Cerró la puerta de la habitación y llamó a servicio a habitación y ordenó algo de comer. Al llegar el carrito preparó a su pequeño y comieron juntos mientras veían una película. Él estaba muy emocionado, a pesar de no entender nada. Ella dejó de prestarle atención cuando vio que no había subtítulos. Al niño lo fascinaban las películas de misterio. La madre se sorprendía mucho de su razonamiento al final o mitad de una película. Más de una vez el niño le arruinó el final sin haberla visto previamente, según el niño “se veía venir”. Ella reía por su lógica adulta teniendo 7 años.
A la mañana temprano del día siguiente, precisamente 8 am, dirigía sus pasos hacia la sala de conferencias B, tomada de la mano de su pequeño. Lo dejó en una guardería del mismo edificio. Si fuera por ella hubiera dejado al niño con su padre, pero el único impedimento era que no tenía uno.
Era un edificio de 16 pisos, Enorme y lujoso. Maravillada desde sus ascensores de cristal, desde donde se veía un templo cercano a su hotel que su entrada la adornaba un hermoso y elegante cerezo. Bajo éste, había una pequeña mancha que no se veía claramente desde el 7mo piso. Era un hombre. Más tarde visitaría el templo y lo vería por dentro.
Décimo piso. Tres largas horas de aburridas propuestas de mercadeo y estupideces sin sentido. Aún así, ese era su trabajo, y la paga era buena. Al finalizar la reunión, se despidió de su jefe hasta el otro día y busco nuevamente a su hijo en planta baja.
Tranquilamente, cruzó la avenida principal de la mano del pequeño y se dirigió al templo.
Un hombre, es hombre siempre, esté sobrio, o esté borracho. Un hombre sigue siendo hombre teniendo 20 años como teniendo 40 y largos. Y lo sigue siendo afeitado y pulcro, así como con una prominente y canosa barba estando sucio y maloliente. Así era “El borracho de Sakura” como le decían la mayoría de los pobladores de esa zona, aunque ella no lo sabía.
Un aura de misterio lo rodeaba, nadie sabe porque, pero sin moverse de su lugar, así como tieso se mantenía, se mantenía en estado de ebriedad. Los habitantes más ancianos no sabían desde cuando estaba ahí, pero aparentemente apareció de un día para el otro y nadie supo porque ni nadie supo su nombre, procedencia, edad, ni ningún dato característico de él.
Ella al pasar, se sintió un poco asqueada, no por el hombre, porque a menudo veía gente así de mal cuidada en su camino a trabajar, pero el olor nauseabundo que desprendía era horroroso. El niño lo miró con una cara de felicidad y curiosidad infantil y  el misterioso hombre lo miró por dos segundos. Despacio abrió su boca y pronunció una palabra en perfecto inglés. Pronto.
La mujer se extrañó, y asustada apuró sus pasos dentro del templo con su pequeño.
El borracho miró a su derecha y vio a los siete jóvenes que venían hablando muy levemente entre ellos, mirando a todos lados, sospechando.
Ella estaba impresionada por la belleza y magnitud del templo que se olvidó por completo de su pequeño. De un momento a otro, desapareció de vista.  Pero reapareció nuevamente al escucharse un grito infantil extremadamente fuerte.
Se percató de la ausencia de su hijo y salió corriendo fuera. Lo vio a pocos pasos de la entrada, tirado en el suelo, con un gran charco de sangre rodeándolo.
Varias personas aparecieron rápidamente a rodear al pequeño y llamaron a una ambulancia.
Lágrimas enormes rondaban sus hermosos ojos. Recordó repentinamente al borracho y lo que él le había dicho. “Pronto”. Corrió apresurada hacía él.
-          ¿Qué le has hecho maldito?
-          Yo. Nada. Quizás pueda decirte lo que realmente ocurrió... si es que me tomas en cuenta.
-          Anda, dilo!
-          La sangre al correr, fluye naturalmente, pero cuando alguien, o más bien decir, siete personas, destruyen ese equilibrio natural, ocurre lo que acabas de ver. Siete. Tu número de la mala suerte, del demonio.
Llegó la policía y rodeó a la mujer y la empezaron a interrogar. Les dijo lo que el borracho les había dicho y subieron rápidamente a las patrullas y empezaron a dar vueltas por la ciudad.
Un minuto más tarde, una patrulla dio con los asesinos. Concordaban con la descripción dada.
Su pequeño había muerto. Ya no le quedaba nada por hacer, nada por vivir, lo había perdido todo.
Los siete jóvenes no presentaban armas, ni huellas de pólvora. Nada.
Al enterarse ella de eso corrió apresurada al cerezo. Pero no había ya nadie. Lo vio del otro lado de la avenida, con una gran guadaña en la mano izquierda y la derecha apoyada sobre el hombro de su pequeño. Corrió hacía él, pero ya había desaparecido. Nadie jamás vio al borracho nuevamente, pero todos los habitantes de Kyoto recuerdan, cada 12 de septiembre, como una mujer inglesa murió arrollada por un camión, siete minutos luego de que su pequeño muriera asesinado, por una bala inexistente, que fue disparada por un borracho, bajo un árbol de cerezo, que jamás existió.

El segundo tiro


“Más que infeliz mil veces por faltarme tu luz como el escolar, lejos de sus libros, corre el amor hacia el amor; pero el amor del amor se aleja, como el niño que vuelve a la escuela, con semblante contrito.”
Romeo y Julieta; Acto Segundo Escena dos – Shakespeare

A quién guste hacerse cargo
A la persona que copió mi conducta,
Solo porque sé que lo disfrutará.

El segundo tiro


“De pronto, corrió sudando para bajar las condenadas escaleras. Había finalmente bajado. Respiró el puro aire de la calle, cuando de pronto se dio cuenta que ya no podía disfrutarlo. Sentía el vil sabor del plomo en su nuca.”
Despertó cubierta en sudor. Fue la peor pesadilla que pueda haber tenido. El dolor ya había pasado, no tenía más por lo cual preocuparse. Era sólo un día más de aburrido trabajo. No se preocupaba por el amor, ni tampoco era una de esas pequeñas niñas que desde bebes soñaban con su perfecta boda, y con un príncipe que la llevará a su enorme castillo, para hacerla su esposa en su magnífico reino. Una persona preocupada por su trabajo y nada más.
Trabajaba en una oficina normal, era secretaria en una empresa común y normal. Vivía 8 horas sentada frente a un escritorio tipeando datos una y otra vez. Era una vida que le gustaba porque pagaba el pan en su casa, y le daba espacio a muchísimos más lujos.
Vivía sola con su gato, y no tenía muchas amigas, más que Luna. Luna era quién cuidaba de su gato y su casa cuando ella tenía que partir en un viaje de negocios.
Esa fue una de las semanas más difíciles en su vida. Pero ella sabía que todo se iba a revertir.
Llegó tarde en reiteradas ocasiones al trabajo debido a embotellamientos que cortaban las avenidas principales, robaron su billetera y le ocurrieron diversos accidentes en la calle, tales como resbalarse, tropezarse con alguien o tener un pequeño gran altercado público.
Domingo. Deseó que su semana terminara rápido. Eran las ocho de la mañana y estaba yendo a trabajar, debía de hacer horas extras si no quería que la despidieran.
Subió al colectivo que la llevaba diario al trabajo ya que lo tomaba en la puerta de su hogar y la dejaba en la puerta del trabajo.
A esa hora sólo había seis pasajeros más. En 15 minutos ya el colectivo estaba casi repleto. El trayecto se iba llenando de personas que trabajan en domingo. Ella iba en uno de los asientos de la mitad del transporte, sentada a su lado, contra la ventana había una mujer anciana. Respirando el aire puro que corría al parar el colectivo para subir, al último pasajero según ella jamás olvidaría.
El hombre cargaba un arma, y planeaba sin lugar a ninguna duda, robar y secuestrar a alguien en el colectivo.
Subió y cuando el chofer le pidió el dinero del boleto desfundó un arma. Apuntó al chofer y gritó que hicieran exactamente lo que él les dijera si no querían ver las negras consecuencias.
La anciana sentada a su lado comenzó a hiperventilar aterrada por el conflicto y el hombre la divisó de inmediato.
Un solo tiro en la frente y la mujer se desplomó contra el asiento de adelante.
Ya no precisaba aire puro, yacía con una extraña mirada mientras la sangre corría por los pies de su acompañante de asiento, que de inmediato comenzó a gritar como lo hizo el resto del colectivo.
El chofer se detuvo, pero de inmediato el hombre lo volvió a apuntar y le dijo que continuara. Lo cumplió a rajatabla. La gente calló. El hombre pidió que dejaran el dinero sobre el asiento y lo fueran dejando juntarlo.
Mostró otras 3 o 4 armas que tenía aparte de la que tenía en la mano.
Mientras decía eso dos o tres chicos trataban de abrir la puerta trasera para poder escapar mientras el chofer conducía. Los tres decoraron de bordo la puerta que jamás se abrió mientras lo intentaron, y entonces el chofer con un rápido movimiento luego de esto avisó por el espejo que iba a abrir la puerta sin que el hombre lo viera para que escaparan los de atrás. Al abrirla lo único que logró fue dos disparos más. Y los cuerpos de los tres chicos de la primera vez, cayeron sobre el frío asfalto, lo que concedió al asesino un bello coro de gritos desde afuera.
Cambió rápidamente su arma. Ya quedaba un poco más de la mitad del colectivo, viva.
Ella no recordó como mataron a los siguientes diez pasajeros pero recordó muy bien como el suelo se llenaba de un río de sangre mientras miraba el suelo. A su alrededor ya no había nadie más vivo.
Lo que era un simple robo se tornó un múltiple asesinato. Pero el hombre no era ningún ladrón, si no un reconocido y loco asesino que ya había actuado cinco veces anteriormente, tanto en casas como en transporte público y se había dado a la fuga en las cinco situaciones.
Riendo gritó cuanto placer le daba el matar gente, mientras ella mezclaba sus lagrimas con roja sangre.
El arma le rozó la nuca. El colectivo había frenado. Ya nadie lo conducía. La chica lentamente se levantó y vio que ya nadie estaba con vida. Era la última, la elegida, la que estaba por morir.
-          ¿Disfrutando tus últimos segundos?
-          No puedes hacernos esto.
-          Creo que ya lo he hecho. ¿O no?
-          ¡Detente!
Y de pronto le quiso disparar, y ella se tambaleó agarrandose de un asiento esquivándolo.
-          ¿No se siente un bello placer al morir? Cuéntame, jamás he muerto, pero si he visto morir a varios a mis manos.
-          Puto cabrón, ya te agarraran los policías.
-          Ya es la quinta vez que hago esto. ¿Acaso me ves tras las rejas?
-          ¡Hijo de puta!
-          Cierra la boca maldita perra, te tendré que disfrutar.
Y dicho esto la intentó violar. Ella lloraba, pero si quería sobrevivir tendría que esperar.
Un momento de desesperación. Consiguió darle un golpe certero que lo dejaría inconsciente por unos pocos momentos que la dejarían escapar.
De pronto, corrió sudando para bajar las condenadas escaleras. Había finalmente bajado. Respiró el puro aire de la calle, cuando de pronto se dio cuenta que ya no podía disfrutarlo. Sentía el vil sabor del plomo en su nuca. Recordó su sueño y supo que estaba predestinada a morir.
Detrás el maldito asesino reía. Tras ella estaban cinco policías que dispararon sin temor en el pecho del joven.
Ella escuchó los cincos disparos y vio la misma cara de horror que vio en la cara de los demás al momento de morir. La misma cara extraña que tenía la agradable anciana que ya nunca vería, y entonces pensó “¿porque no diablos falté al trabajo?, ahora ya no veré a nadie más por un maldito empleo que no vale la pena”
Se sintió agradecida de estar todavía con conocimiento.
El hombre levantó por última vez su arma, dando un gran suspiro disparó por segunda y última vez, quitándole a esa chica, ya por esas horas desempleada, su infeliz y corta vida.

martes, 26 de junio de 2012

Invierno Gris


“Si yo fuese lluvia, me pregunto si podría vincularme con el corazón de alguien, de la misma forma que la lluvia vincula al cielo con la tierra, dos cosas que nunca pueden juntarse”

Bleach Volumen 3 “Memories in the rain” - Tite Kubo

A la dama de violeta, en quién encontré mi persona
Esa a la que nunca se pudo corresponder y más tarde; no quise corresponder.
Al asesino. Para que cuando lo lea, vea que él también va a morir.
Por ser creación de varios monstruos,
Soberbia, egoísmo, y por agarrarse del codo, aún cuando nadie dio la mano.

Invierno Gris

A

manecía en la zona de cuyo. En las nevadas sierras se respiraba un aire de niebla. Rondaban los primeros días de julio. 7.00 A.m en todo el país. Lo levanta la alarma y él la apaga como quien apaga un fósforo soplando. En la radio sonaba “Dust in the wind” de Cat Stevens. Él no se enteraría de eso. Son datos que la mente, innecesariamente no procesa, dejándolo en el olvido.
10 minutos benditos, 10 minutos de descanso, mientras ocupe el trayecto de la aguja grande yendo desde el número 12 hasta el 2  involuntariamente, gracias al mecanismo del reloj que las contenga y las baterías que éste precise. Solo 10 minutos tuvo, pero los 10 minutos los disfrutó.
Se levantó, no valía la pena quedarse dormido, no era lo suficientemente vago como para dejar pasar una hermosa mañana de lado a pesar de tener que cumplir con la rutina del estudio, él no pensaba lo mismo, no era un chico como los demás, gracioso y lleno de vida, aunque lo aparentaba, vistiendo su cara de felicidad, cuando por dentro solo una persona en ese mundo quitaba la tristeza de su rostro. Alma llena de tristeza.
7.30 A.m, ya llegaba tarde, pero no le importaba, “-si total -él pensaba- al resto no le importa si llego o no”.
7.30 A.m, ella caminaba tranquila y contenta, 7.31 A.m, un disparo en la sien termina con su vida.
7.35 A.m, ya se sentaba tranquilo esperando a que todas esas personas, cuya meta en la vida ahora es nula, esperaran a por entrar a su salón para no hacer nada, más que charlar entre ellos y no prestar atención a lo que los docentes quieren enseñar.
21 de junio. Recién comenzaba su invierno. No era un día tan frío como lo es ahí en esa estación. Ese día no fue tan diferente de los demás días, o por entonces eso creía. Terminó a la 1 de la tarde y volvió a su cara normal. No tenía porque sonreír, volvía a una vida monótona y triste. La única razón para sonreír lo iría a ver a su casa.
13.45 P.m, él entraba a su hogar. Cosas cotidianas de la vida. Salió apresurado para no cruzarse a los cretinos con que a diario lidiaba. La calle estaba vacía, no era lo usual así que lo disfrutaría. Compra lo necesario y sale, en la puerta hay un hombre, él al salir lo deja pasar.
Cosas cotidianas de la vida. Saliendo él la vio. No sabía si era un ángel por su belleza infinita. La sangre caía por su vestido violeta impecable. Era invierno, pero ella usaba un vestido violeta. Nada más.
Sabía que no estaba viva. Una cosa así de perfecta no podía ser real.
1 minuto entero había pasado para que él volviera a la realidad. No había nadie.
Siguió caminando hacia su casa, era solo una calle, así que no pensó que iba a ser mucha molestia, a pesar de los constantes zumbidos de la chica en su oído.
-¿Porque no me reconoces? Si soy yo. Sé que me conoces, no te hagas el desentendido
Es verdad, él la conocía pero le dolía el hecho de que haya muerto y nadie le haya dicho. Se encontraba en una etapa de negación.
No era el primer, dicho de un modo burdo, “fantasma” que veía, pero esperaba que fuera el último.
-         ¿Cuán frescas están tus heridas?
-         5 o 6 horas
-         ¿Alguien se enteró en el instituto?
-         Todos, pero por miedo a tu reacción no te lo dijeron
-         Había un ambiente sórdido hoy
-         ¿Es esa tu más fría expresión? Si yo te conozco, no eres tan frío conmigo
-         Yo haré las preguntas aquí
-         Tienes razón, yo he muerto y tu eres el único que me puedes ver ¿Es por algo en especial?
-         Sabes que es porque te amo
-         ¿Amor?
-         Si

Haciéndose el desentendido no llegaría a ningún lado, pero era el mejor papel para interpretar por ahora. Entró a su casa como si nada, dejó el pan sobre la mesa.
Ella ya se sentaba en su sillón. Él se sentó a su lado, cayó su mano sobre la de ella pero no sintió mas que un frío ínfimo.
-         Ya no será lo mismo no?
-         No, ni creo que puedas seguir sintiendo lo mismo por un espectro.
-         ¿Qué es lo que te retiene?
-        
-         ¿Yo?
-        
Apoyó la cabeza fría sobre su hombro, lloraba pero sus lagrimas él no las sentía.
-         ¿Por qué lo han hecho?
-         La gente es mala
-         Realmente mala
Siguieron así por un rato largo. Horas y horas sentados
-         Véngame
-         Lo haré
-         No tengo duda de eso
-         Te amo, ¿Te lo dije?
-         Toda mi vida
-         Y por toda tu dulce y melancólica muerte

Mitad de su invierno. Las cosas seguían como si nada, ya casi nadie le hablaba en el colegio. No obstante, él lo apreciaba más que nunca, él, el que nunca le fallaría. Y más en la situación en la que se encontraba.
Estaba sobre la pista. Un alma corrompida por la lujuria habitaba bajo esas paredes. Ella lo sabía, hacía poco lo había notado. Él se enteró segundos más tarde.
Todas las mañanas lo veía, ordenando inútilmente a las ovejas que hagan lo que él quería. Como profesor era bárbaro. Pero era un alma oscura. Un alma que merecía un castigo, un castigo horrendo. Y él estaba dispuesto a dárselo.
-         ¿Hasta este extremo hemos llegado?
-         Quizás si mi corazón dejara de latir, no me dolería tanto
-         No digas esas cosas
-         No te das una idea de lo que es perder a alguien a manos de alguien que ves todos los días y sabes que no ha sido castigado
-         Te he perdido a ti
-         No es excusa
-         Díselo a mi corazón
-         Cuando por fin cobre venganza, se lo diré
-         Amor
-         ¿Qué?
-         Estas hablando solo devuelta

Amor. Si no fuera por el amor, seguiría siendo todo igual.
Volvió en sí, “Haga la tarea” – Le decía el maldito asesino, excusa de profesor.

La furia corría por sus venas una vez más. Ya pasó ¾ de su invierno. No hay justicia. Su alma ruega por un milagro, algo que lo inculpe. No hay huellas, no hay razón. Y lo que más falta, es la razón, ¿porque lo había hecho?.Nadie lo sabría.
Finalmente se decidió. Noche del 19 de septiembre. 0.00 A.m.
-         ¿Me amas?
-         Como siempre lo he hecho
-         ¿Lo aseguras?
-         Con mi vida
-         El momento ha llegado
-         Que con ansias he esperado

20 de septiembre. 10.00 A.m. Tenía clase con él.
Entra con su paso apresurado, sonrisa malévola a mano. Espera a que obedientemente sus ovejas se paren y demuestren respeto. Las ovejas no esperan ni dos segundos. Solo una se detiene. Termina parándose.
Fuera, la interminable lluvia no cesa. Ya nadie se interesa en él, y menos un profesor de su categoría. Sabía que lo había dañado, pero se negaba a admitirlo, obviamente no lo iba a hacer, lo incriminaría.
Leves pasos para levantarse. Un disparo y todo acabaría. Tronó. Las luces se fueron. Todos gritaban, pero sin notar al alma sedienta de venganza que se levantó. Ventanas rotas. Ovejas corriendo fueron a refugiarse fuera del aula. Él solo y el asesino. Él lo veía desde el principio. El arma le perforaba los ojos, y el sudor caía por su frente.
-         ¿Hace cuánto lo sabes?
-         Desde que la mataste
-         Y que vas a hacer ¿Vengarla? – Dijo riéndose despectivamente- No me hagas reír
-         La Venganza... Mi primer paso a la gloria. Mi último paso en la vida
-         Detente, es inútil

Calibre 22, dos balas. Presiono el gatillo, pero aún así, nadie lo escuchó. Era demasiado el ruido para que se dieran cuenta. Las ovejas, tanto adultas como pequeñas, corrían desesperadas por el pasillo buscando refugio. El agua ya les rozaba los talones.
Él, tranquilamente, caminó hacía la salida. Nadie lo notaría.
Fuera, en medio de la incesante lluvia,  esperaba él.
-         Tu aura es oscura
-         El sabor de la sangre es extraño, sabe a dulce a pesar de la amarga consecuencia
-         Aún así, sigues siendo mi hermano
-         Y siempre lo seré
-         Hagas lo que hagas lo sabes
-         Entonces aléjate, lo que menos te conviene ahora es estar cerca de mí. Pronto despegaré
-         Rezaré por ti
-         Vete

Se alejó un par de pasos. Lo miró de reojo una vez, le guiñó el ojo, y entró al establecimiento.
Contemplo el arma. Calibre 22, una sola bala.
La lluvia cesó. Fue el fin de su invierno. A pesar de que era octubre.
El arma yacía en el suelo, sin huellas, la lluvia, cruel borrador, eliminó los rastros de cualquier prueba. Las ovejas salían a ver la luz, pero en frente tenían la imagen más horrorosa de todas.
-         Llegaste
-         No me iba a hacer esperar
-         Sabía que vendrías
-         ¿Qué es esto?
-         No es ni el cielo, ni el infierno
-         ¿Entonces?
-         Es nuestro mundo
-         Aquí seremos felices y nadie nos separará
-         Nadie
-         ¿Sabías que te amo, no?
-         No tanto como yo.