“El
monstruo fue apresado junto al falso profeta [...] Entonces el
monstruo y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde
el azufre”
Ap.
19;20
La
obviedad es una virtud, que quién conoce de ella
Sabe
distinguir la realidad de este hecho.
Esta
secuela fue echa para demostrar que los dos tenemos un lazo sanguíneo.
Para
demostrar el poder de un ángel guardián.
No
significa que un profesor deba morir dos veces en un mes.
Para vos,
que me enseñaste a poder luchar por lo que quiero y perderlo a la vez.
Dueño de
noches eternas, de silencios profundos y de peleas de dos minutos.
El
hermano del otro vientre
“El
Monstruo que me protege”
Monster
Les voy ahora a
contar, la trágica historia de la vana muerte de mi hermano, luego de que
presumió muerto al asesino de su novia, después de haberle pegado un tiro en la
frente en un lluvioso día de primavera
Lo conocí un día
tan normal como los demás, fue un miércoles. Costó, pero al poco tiempo nos
hicimos inseparables. Era raro no vernos juntos, casi todas las tardes, quedándonos
callados por largos ratos, pero entendiendo todo lo que callábamos con un
simple cruce de miradas. Era fácil ser amigos, parecía que ya lo sabíamos antes
de conocernos.
Aquella fue la
peor de mis primaveras.
Todo comenzó un
fatídico día de Junio. Habían asesinado a su novia. Desde ese entonces, su alma
comenzó a flanquear. Interminables horas de silencio que tenía que soportar de
él.
Conocía el límite
de su locura, pero no supuse que iba a llegar a tal punto.
Fue una lluviosa
mañana, tan lluviosa que se inundaron
las calles. Mientras que tanto yo, como mis otros compañeros, profesores y el
resto de la escuela, corríamos por el establecimiento para buscar refugio, lo
vi arrastrando los pies hacia la salida, empuñando una pistola. Apresuré mis
pasos en medio del incesante caos y lo seguí.
-
Tu aura es oscura
-
El sabor de la sangre es extraño,
sabe a dulce a pesar de la amarga consecuencia
-
Aún así, sigues siendo mi hermano
-
Y siempre lo seré
-
Hagas lo que hagas, lo sabes
-
Entonces aléjate, lo que menos te
conviene ahora es estar cerca de mí. Pronto despegaré
-
Rezaré por ti
-
Vete
Todavía sus
sórdidas y frías palabras siguen atravesando mi corazón.
Jamás pensé que iba a quitarse la
vida. Siento que no es mi culpa, pero todavía sigo castigándome por ello, y más
después de lo que aconteció la semana siguiente.
Media hora después
de que la lluvia cesara, los docentes se percataron de que el profesor que nos
daba clases faltaba. Fueron al curso y se escucharon los gritos. Dos minutos
más tarde encontraron el cuerpo inerte fuera del recinto escolar. Llamaron
rápidamente una ambulancia y lo llevaron a él y a mi hermano.
Cuando encontró el
cuerpo de mi hermano, un único grito se escuchó, alertando a los demás, el mío.
Cuando salí, caí
en la triste y cruda realidad. Él había muerto, y yo sabía, y solo yo lo sabía,
que él había asesinado al profesor y luego se quitó la vida.
El arma fue
hallada a escasos centímetros de él, sin siquiera una sola huella, como así
habían aclarado los policías. Misteriosamente, no había rastros de pólvora en
sus manos, así que la primera suposición fue un intento de asesinato doble.
Fue una semana
gris la que se vivió en el colegio. Las pocas personas que se animaban a
hablar, lo hacían de una forma silenciosa y tenebrosa. El curso de nuestro año,
parecía que no existía. Fueron 3 días de luto.
Un funeral jamás
se olvida. El entorno que te rodea es tan cínico, que no se puede hacer más que
callar y lamentarse. Fui uno de los pocos que aferró el cajón hasta el último
momento. No podía ver nada, las lágrimas empañaban mis ojos. Él nunca me había
visto llorar. Pero si lo hubiera visto, aseguro que no le gustaría. Solía ser
una persona fuerte hasta ese preciso momento, donde mis manos rozaron el cuerpo
de una persona, a la que quise casi más que a mi vida. El cuerpo de mi hermano.
El funeral acabó,
la lluvia dejó de caer. Y aún así, yo seguía sufriendo de la misma manera de
siempre. Aún más.
Cuatro días
después del entierro, llegó la malévola noticia. Ese hijo de re mil puta seguía
vivo. Ese hijo de re mil puta que llevó a mi hermano al suicidio. “Estable, con
mejoras increíblemente rápidas”, se dictó. “Nublado, con probabilidades de un
pronto fin del mundo”, pensaba yo.
Un mes más tarde,
todo había vuelto a la normalidad, ya nadie lloraba, y todos se alegraban- o
por lo menos sus colegas docentes – de que el “profesor / asesino” volviera a
enseñar en el sagrado recinto escolar. Doctrina de mierda.
Yo era, después de
él, el único ser “vivo” que sabía del terrible incidente. En realidad, era el
único que sabía que él había matado a la novia de mi hermano, y condujo al
mismo, por la senda de la muerte.
¡Enfermos y
corruptos policías! Nadie se dio cuenta de nada. De que ÉL había asesinado a la
“dama de violeta”, como mi hermano gustaba llamarla cuando estaban solos. Me lo
había contado una vez, y no hablamos mucho más del tema. A pesar de su
repentino noviazgo con ella, él seguía hablándome como siempre.
Cierto día, fue un
jueves, apareció devuelta. Estaba solo en mi casa, y lo vi en un rincón.
-
Hola
-
¿Qué haces aquí?
-
Mira si habré pasado horas y horas
aquí contigo y ahora haces como si no fuera mi casa
-
Estás muerto
-
Si, lo sé. No soy tonto hermano.
-
No quise decir eso.
-
Quédate tranquilo, no pasa nada.
-
¿Qué vienes a hacer acá?
-
Vine a que me ayudes para poder
cruzar al otro lado.
-
¿Te reuniste con la dama?
-
Si, está conmigo. Pero no podemos
salir de aquí, pues nuestra alma pena.
-
¿Qué debo hacer?
-
Siempre amé esa predisposición
tuya.
Solo una vez más lo vi. Luego de eso,
nunca más. Me encomendó una misión que solo yo, a esta altura, podía completar.
Debía terminar con
la vida de aquel, a quien mi hermano presumió muerto.
El proceso fue uno
arduo. Pero en ese momento, valía la pena. Luego, me cuestioné miles de veces,
si debía hacerlo o no. Lo haría por mi hermano, pero de la dama jamás, y no es
que no me cayera bien, pero no haría algo tan importante por ella, con el
perdón de mi hermano.
Decidí hacerlo.
Ese día era uno
muy soleado. No haría la misma escena que sufrió él. Era ya demasiado. Muy
“Deja-vuesco”.
Terminó su clase,
y salimos al recreo. El arma la tenía en mi bolsillo de la campera, nadie lo
notó. Y así la mantuve por horas, mucho después de que terminará la jornada
escolar. Al salir del instituto, subió a su auto cero kilómetro. No me quiero
imaginar la cantidad de plata que sacó de no se que juicio a no se quién por el
“accidente” de la bala.
Media hora más
tarde, estaba tranquilo en su casa, sentando frente a la televisión, en un
sillón tan cómodo como la estafa pueda pagarlo.
Vivía solo.
Facilitaba tantas cosas. Para mí.
Desenlace
violento.
Entré rápidamente
y lo apunté con el arma. Nadie se dio cuenta.
-
No otra vez.
-
No hubiera hecho semejante
atrocidad.
-
¿Asesinar a una chica que no le
hacía daño a nadie, no es nada? Sabes, nunca le dije a nadie. Pero no es la
primera chica que asesino. Ésta debe ser la cuarta o la quinta.
-
¿Pero cómo?
-
Diferentes escuelas, diferente
identidad. Mi único fallo esta vez fue que ella tenía un novio enfermizo.
-
Jamás trate a mi hermano por un
enfermo.
-
Trataré a tu “hermano” como YO
quiera, si total, ¿algo cambiará el hecho de que me están apuntando con un arma
por segunda vez?
-
No, pero quiero saber porque hasta
ahora no lo ha encontrado nadie.
-
Un simple disparo. Diferentes
partes del cuerpo. Diferencia de 3 meses. Lugares muy apartados.- Respondió
riendo cínicamente
-
¿Estás loco?
-
Que raro usted faltándome el
respeto cuando en el aula es todo, Si señor.
-
Cierre el maldito culo, hijo de
puta.
-
Ya no puedo creerlo, ¿Qué? ¿Es por
alguna razón heroica hacia tu “hermano”?
-
No me haga reír, iluso. Le debía
el favor. Y de paso, sacaremos un putrefacto asesino de la faz del planeta.
-
Adelante, hazlo. No tienes la
suficiente decisión para hacerlo. El otro inútil lo hizo, pero no era él. Lo
dominó la ira.
-
¡CALLESE LE HE DICHO!
-
Hazlo.
-
Y finalmente lo hice. No una, sino
seis balas. Fue tan placentero. Mi hermano tenía razón.
-
¿Eso es todo lo que tiene para
decir señor?
-
Si.
-
¿Sabe las consecuencias de sus
actos?
-
Veinte años en prisión, ni más, ni
menos.
-
¿Le parece que valió la pena?
-
Totalmente.
-
Como usted quiera, Sargento,
lléveselo.
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