martes, 17 de julio de 2012

Monster


“El monstruo fue apresado junto al falso profeta [...] Entonces el monstruo y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde el azufre”
Ap. 19;20

La obviedad es una virtud, que quién conoce de ella
Sabe distinguir la realidad de este hecho.
Esta secuela fue echa para demostrar que los dos tenemos un lazo sanguíneo.
Para demostrar el poder de un ángel guardián.
No significa que un profesor deba morir dos veces en un mes.
Para vos, que me enseñaste a poder luchar por lo que quiero y perderlo a la vez.
Dueño de noches eternas, de silencios profundos y de peleas de dos minutos. 
El hermano del otro vientre
“El Monstruo que me protege”

Monster


Les voy ahora a contar, la trágica historia de la vana muerte de mi hermano, luego de que presumió muerto al asesino de su novia, después de haberle pegado un tiro en la frente en un lluvioso día de primavera
Lo conocí un día tan normal como los demás, fue un miércoles. Costó, pero al poco tiempo nos hicimos inseparables. Era raro no vernos juntos, casi todas las tardes, quedándonos callados por largos ratos, pero entendiendo todo lo que callábamos con un simple cruce de miradas. Era fácil ser amigos, parecía que ya lo sabíamos antes de conocernos.
Aquella fue la peor de mis primaveras.
Todo comenzó un fatídico día de Junio. Habían asesinado a su novia. Desde ese entonces, su alma comenzó a flanquear. Interminables horas de silencio que tenía que soportar de él.
Conocía el límite de su locura, pero no supuse que iba a llegar a tal punto.
Fue una lluviosa mañana, tan lluviosa  que se inundaron las calles. Mientras que tanto yo, como mis otros compañeros, profesores y el resto de la escuela, corríamos por el establecimiento para buscar refugio, lo vi arrastrando los pies hacia la salida, empuñando una pistola. Apresuré mis pasos en medio del incesante caos y lo seguí.
-          Tu aura es oscura
-          El sabor de la sangre es extraño, sabe a dulce a pesar de la amarga consecuencia
-          Aún así, sigues siendo mi hermano
-          Y siempre lo seré
-          Hagas lo que hagas, lo sabes
-          Entonces aléjate, lo que menos te conviene ahora es estar cerca de mí. Pronto despegaré
-          Rezaré por ti
-          Vete
Todavía sus sórdidas y frías palabras siguen atravesando mi corazón.
Jamás pensé que iba a quitarse la vida. Siento que no es mi culpa, pero todavía sigo castigándome por ello, y más después de lo que aconteció la semana siguiente.
Media hora después de que la lluvia cesara, los docentes se percataron de que el profesor que nos daba clases faltaba. Fueron al curso y se escucharon los gritos. Dos minutos más tarde encontraron el cuerpo inerte fuera del recinto escolar. Llamaron rápidamente una ambulancia y lo llevaron a él y a mi hermano.
Cuando encontró el cuerpo de mi hermano, un único grito se escuchó, alertando a los demás, el mío.
Cuando salí, caí en la triste y cruda realidad. Él había muerto, y yo sabía, y solo yo lo sabía, que él había asesinado al profesor y luego se quitó la vida.
El arma fue hallada a escasos centímetros de él, sin siquiera una sola huella, como así habían aclarado los policías. Misteriosamente, no había rastros de pólvora en sus manos, así que la primera suposición fue un intento de asesinato doble.
Fue una semana gris la que se vivió en el colegio. Las pocas personas que se animaban a hablar, lo hacían de una forma silenciosa y tenebrosa. El curso de nuestro año, parecía que no existía. Fueron 3 días de luto.
Un funeral jamás se olvida. El entorno que te rodea es tan cínico, que no se puede hacer más que callar y lamentarse. Fui uno de los pocos que aferró el cajón hasta el último momento. No podía ver nada, las lágrimas empañaban mis ojos. Él nunca me había visto llorar. Pero si lo hubiera visto, aseguro que no le gustaría. Solía ser una persona fuerte hasta ese preciso momento, donde mis manos rozaron el cuerpo de una persona, a la que quise casi más que a mi vida. El cuerpo de mi hermano.
El funeral acabó, la lluvia dejó de caer. Y aún así, yo seguía sufriendo de la misma manera de siempre. Aún más.
Cuatro días después del entierro, llegó la malévola noticia. Ese hijo de re mil puta seguía vivo. Ese hijo de re mil puta que llevó a mi hermano al suicidio. “Estable, con mejoras increíblemente rápidas”, se dictó. “Nublado, con probabilidades de un pronto fin del mundo”, pensaba yo.
Un mes más tarde, todo había vuelto a la normalidad, ya nadie lloraba, y todos se alegraban- o por lo menos sus colegas docentes – de que el “profesor / asesino” volviera a enseñar en el sagrado recinto escolar. Doctrina de mierda.
Yo era, después de él, el único ser “vivo” que sabía del terrible incidente. En realidad, era el único que sabía que él había matado a la novia de mi hermano, y condujo al mismo, por la senda de la muerte.
¡Enfermos y corruptos policías! Nadie se dio cuenta de nada. De que ÉL había asesinado a la “dama de violeta”, como mi hermano gustaba llamarla cuando estaban solos. Me lo había contado una vez, y no hablamos mucho más del tema. A pesar de su repentino noviazgo con ella, él seguía hablándome como siempre.
Cierto día, fue un jueves, apareció devuelta. Estaba solo en mi casa, y lo vi en un rincón.
-          Hola
-          ¿Qué haces aquí?
-          Mira si habré pasado horas y horas aquí contigo y ahora haces como si no fuera mi casa
-          Estás muerto
-          Si, lo sé. No soy tonto hermano.
-          No quise decir eso.
-          Quédate tranquilo, no pasa nada.
-          ¿Qué  vienes a hacer acá?
-          Vine a que me ayudes para poder cruzar al otro lado.
-          ¿Te reuniste con la dama?
-          Si, está conmigo. Pero no podemos salir de aquí, pues nuestra alma pena.
-          ¿Qué debo hacer?
-          Siempre amé esa predisposición tuya.
Solo una vez más lo vi. Luego de eso, nunca más. Me encomendó una misión que solo yo, a esta altura, podía completar.
Debía terminar con la vida de aquel, a quien mi hermano presumió muerto.
El proceso fue uno arduo. Pero en ese momento, valía la pena. Luego, me cuestioné miles de veces, si debía hacerlo o no. Lo haría por mi hermano, pero de la dama jamás, y no es que no me cayera bien, pero no haría algo tan importante por ella, con el perdón de mi hermano.
Decidí hacerlo.
Ese día era uno muy soleado. No haría la misma escena que sufrió él. Era ya demasiado. Muy “Deja-vuesco”.
Terminó su clase, y salimos al recreo. El arma la tenía en mi bolsillo de la campera, nadie lo notó. Y así la mantuve por horas, mucho después de que terminará la jornada escolar. Al salir del instituto, subió a su auto cero kilómetro. No me quiero imaginar la cantidad de plata que sacó de no se que juicio a no se quién por el “accidente” de la bala.
Media hora más tarde, estaba tranquilo en su casa, sentando frente a la televisión, en un sillón tan cómodo como la estafa pueda pagarlo.
Vivía solo. Facilitaba tantas cosas. Para mí.
Desenlace violento.
Entré rápidamente y lo apunté con el arma. Nadie se dio cuenta.
-          No otra vez.
-          No hubiera hecho semejante atrocidad.
-          ¿Asesinar a una chica que no le hacía daño a nadie, no es nada? Sabes, nunca le dije a nadie. Pero no es la primera chica que asesino. Ésta debe ser la cuarta o la quinta.
-          ¿Pero cómo?
-          Diferentes escuelas, diferente identidad. Mi único fallo esta vez fue que ella tenía un novio enfermizo.
-          Jamás trate a mi hermano por un enfermo.
-          Trataré a tu “hermano” como YO quiera, si total, ¿algo cambiará el hecho de que me están apuntando con un arma por segunda vez?
-          No, pero quiero saber porque hasta ahora no lo ha encontrado nadie.
-          Un simple disparo. Diferentes partes del cuerpo. Diferencia de 3 meses. Lugares muy apartados.- Respondió riendo cínicamente
-          ¿Estás loco?
-          Que raro usted faltándome el respeto cuando en el aula es todo, Si señor.
-          Cierre el maldito culo, hijo de puta.
-          Ya no puedo creerlo, ¿Qué? ¿Es por alguna razón heroica hacia tu “hermano”?
-          No me haga reír, iluso. Le debía el favor. Y de paso, sacaremos un putrefacto asesino de la faz del planeta.
-          Adelante, hazlo. No tienes la suficiente decisión para hacerlo. El otro inútil lo hizo, pero no era él. Lo dominó la ira.
-          ¡CALLESE LE HE DICHO!
-          Hazlo.

-          Y finalmente lo hice. No una, sino seis balas. Fue tan placentero. Mi hermano tenía razón.
-          ¿Eso es todo lo que tiene para decir señor?
-          Si.
-          ¿Sabe las consecuencias de sus actos?
-          Veinte años en prisión, ni más, ni menos.
-          ¿Le parece que valió la pena?
-          Totalmente.
-          Como usted quiera, Sargento, lléveselo.

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