“Si yo fuese lluvia, me pregunto si podría vincularme con
el corazón de alguien, de la misma forma que la lluvia vincula al cielo con la
tierra, dos cosas que nunca pueden juntarse”
Bleach Volumen 3 “Memories in the rain” - Tite
Kubo
A la dama de
violeta, en quién encontré mi persona
Esa a la
que nunca se pudo corresponder y más tarde; no quise corresponder.
Al
asesino. Para que cuando lo lea, vea que él también va a morir.
Por ser
creación de varios monstruos,
Soberbia,
egoísmo, y por agarrarse del codo, aún cuando nadie dio la mano.
Invierno
Gris
A |
manecía en la zona de cuyo. En las nevadas
sierras se respiraba un aire de niebla. Rondaban los primeros días de julio.
7.00 A.m en todo el país. Lo levanta la alarma y él la apaga como quien apaga
un fósforo soplando. En
la radio sonaba “Dust in the wind” de Cat Stevens. Él no
se enteraría de eso. Son datos que la mente, innecesariamente no procesa,
dejándolo en el olvido.
10 minutos
benditos, 10 minutos de descanso, mientras ocupe el trayecto de la aguja grande
yendo desde el número 12 hasta el 2
involuntariamente, gracias al mecanismo del reloj que las contenga y las
baterías que éste precise. Solo 10 minutos tuvo, pero los 10 minutos los
disfrutó.
Se levantó, no
valía la pena quedarse dormido, no era lo suficientemente vago como para dejar
pasar una hermosa mañana de lado a pesar de tener que cumplir con la rutina del
estudio, él no pensaba lo mismo, no era un chico como los demás, gracioso y
lleno de vida, aunque lo aparentaba, vistiendo su cara de felicidad, cuando por
dentro solo una persona en ese mundo quitaba la tristeza de su rostro. Alma
llena de tristeza.
7.30 A.m, ya
llegaba tarde, pero no le importaba, “-si total -él pensaba- al resto no le
importa si llego o no”.
7.30 A.m, ella
caminaba tranquila y contenta, 7.31 A.m, un disparo en la sien termina con su
vida.
7.35 A.m, ya se
sentaba tranquilo esperando a que todas esas personas, cuya meta en la vida
ahora es nula, esperaran a por entrar a su salón para no hacer nada, más que
charlar entre ellos y no prestar atención a lo que los docentes quieren
enseñar.
21 de junio.
Recién comenzaba su invierno. No era un día tan frío como lo es ahí en esa
estación. Ese día no fue tan diferente de los demás días, o por entonces eso
creía. Terminó a la 1 de la tarde y volvió a su cara normal. No tenía porque
sonreír, volvía a una vida monótona y triste. La única razón para sonreír lo
iría a ver a su casa.
13.45 P.m, él
entraba a su hogar. Cosas cotidianas de la vida. Salió apresurado para no
cruzarse a los cretinos con que a diario lidiaba. La calle estaba vacía, no era
lo usual así que lo disfrutaría. Compra lo necesario y sale, en la puerta hay
un hombre, él al salir lo deja pasar.
Cosas cotidianas
de la vida. Saliendo él la vio. No sabía si era un ángel por su belleza
infinita. La sangre caía por su vestido violeta impecable. Era invierno, pero
ella usaba un vestido violeta. Nada más.
Sabía que no
estaba viva. Una cosa así de perfecta no podía ser real.
1 minuto entero
había pasado para que él volviera a la realidad. No había nadie.
Siguió caminando
hacia su casa, era solo una calle, así que no pensó que iba a ser mucha
molestia, a pesar de los constantes zumbidos de la chica en su oído.
-¿Porque no me
reconoces? Si soy yo. Sé que me conoces, no te hagas el desentendido
Es verdad, él la
conocía pero le dolía el hecho de que haya muerto y nadie le haya dicho. Se
encontraba en una etapa de negación.
No era el primer,
dicho de un modo burdo, “fantasma” que veía, pero esperaba que fuera el último.
-
¿Cuán frescas están tus heridas?
-
5 o 6 horas
-
¿Alguien se enteró en el
instituto?
-
Todos, pero por miedo a tu
reacción no te lo dijeron
-
Había un ambiente sórdido hoy
-
¿Es esa tu más fría expresión? Si
yo te conozco, no eres tan frío conmigo
-
Yo haré las preguntas aquí
-
Tienes razón, yo he muerto y tu
eres el único que me puedes ver ¿Es por algo en especial?
-
Sabes que es porque te amo
-
¿Amor?
-
Si
Haciéndose el desentendido no llegaría a ningún lado, pero era el mejor
papel para interpretar por ahora. Entró a su casa como si nada, dejó el pan
sobre la mesa.
Ella ya se sentaba en su sillón. Él se sentó a su lado, cayó su mano
sobre la de ella pero no sintió mas que un frío ínfimo.
-
Ya no será lo mismo no?
-
No, ni creo que puedas seguir
sintiendo lo mismo por un espectro.
-
¿Qué es lo que te retiene?
-
Tú
-
¿Yo?
-
Tú
Apoyó la cabeza fría sobre su hombro, lloraba pero sus lagrimas él no
las sentía.
-
¿Por qué lo han hecho?
-
La gente es mala
-
Realmente mala
Siguieron así por un rato largo. Horas y horas sentados
-
Véngame
-
Lo haré
-
No tengo duda de eso
-
Te amo, ¿Te lo dije?
-
Toda mi vida
-
Y por toda tu dulce y melancólica
muerte
Mitad de su
invierno. Las cosas seguían como si nada, ya casi nadie le hablaba en el
colegio. No obstante, él lo apreciaba más que nunca, él, el que nunca le
fallaría. Y más en la situación en la que se encontraba.
Estaba sobre la
pista. Un alma corrompida por la lujuria habitaba bajo esas paredes. Ella lo
sabía, hacía poco lo había notado. Él se enteró segundos más tarde.
Todas las mañanas
lo veía, ordenando inútilmente a las ovejas que hagan lo que él quería. Como
profesor era bárbaro. Pero era un alma oscura. Un alma que merecía un castigo,
un castigo horrendo. Y él estaba dispuesto a dárselo.
-
¿Hasta este extremo hemos llegado?
-
Quizás si mi corazón dejara de
latir, no me dolería tanto
-
No digas esas cosas
-
No te das una idea de lo que es
perder a alguien a manos de alguien que ves todos los días y sabes que no ha
sido castigado
-
Te he perdido a ti
-
No es excusa
-
Díselo a mi corazón
-
Cuando por fin cobre venganza, se
lo diré
-
Amor
-
¿Qué?
-
Estas hablando solo devuelta
Amor. Si no fuera
por el amor, seguiría siendo todo igual.
Volvió en sí,
“Haga la tarea” – Le decía el maldito asesino, excusa de profesor.
La furia corría
por sus venas una vez más. Ya pasó ¾ de su invierno. No hay justicia. Su alma
ruega por un milagro, algo que lo inculpe. No hay huellas, no hay razón. Y lo
que más falta, es la razón, ¿porque lo había hecho?.Nadie lo sabría.
Finalmente se
decidió. Noche del 19 de septiembre. 0.00 A.m.
-
¿Me amas?
-
Como siempre lo he hecho
-
¿Lo aseguras?
-
Con mi vida
-
El momento ha llegado
-
Que con ansias he esperado
20 de septiembre.
10.00 A.m. Tenía clase con él.
Entra con su paso apresurado, sonrisa
malévola a mano. Espera a que obedientemente sus ovejas se paren y demuestren
respeto. Las ovejas no esperan ni dos segundos. Solo una se detiene. Termina
parándose.
Fuera, la
interminable lluvia no cesa. Ya nadie se interesa en él, y menos un profesor de
su categoría. Sabía que lo había dañado, pero se negaba a admitirlo, obviamente
no lo iba a hacer, lo incriminaría.
Leves pasos para
levantarse. Un disparo y todo acabaría. Tronó. Las luces se fueron. Todos
gritaban, pero sin notar al alma sedienta de venganza que se levantó. Ventanas
rotas. Ovejas corriendo fueron a refugiarse fuera del aula. Él solo y el
asesino. Él lo veía desde el principio. El arma le perforaba los ojos, y el
sudor caía por su frente.
-
¿Hace cuánto lo sabes?
-
Desde que la mataste
-
Y que vas a hacer ¿Vengarla? –
Dijo riéndose despectivamente- No me hagas reír
-
La Venganza... Mi primer paso a la
gloria. Mi último paso en la vida
-
Detente, es inútil
Calibre 22, dos balas. Presiono el
gatillo, pero aún así, nadie lo escuchó. Era demasiado el ruido para que se
dieran cuenta. Las ovejas, tanto adultas como pequeñas, corrían desesperadas
por el pasillo buscando refugio. El agua ya les rozaba los talones.
Él,
tranquilamente, caminó hacía la salida. Nadie lo notaría.
Fuera, en medio de
la incesante lluvia, esperaba él.
-
Tu aura es oscura
-
El sabor de la sangre es extraño,
sabe a dulce a pesar de la amarga consecuencia
-
Aún así, sigues siendo mi hermano
-
Y siempre lo seré
-
Hagas lo que hagas lo sabes
-
Entonces aléjate, lo que menos te
conviene ahora es estar cerca de mí. Pronto despegaré
-
Rezaré por ti
-
Vete
Se alejó un par de
pasos. Lo miró de reojo una vez, le guiñó el ojo, y entró al establecimiento.
Contemplo el arma.
Calibre 22, una sola bala.
La lluvia cesó.
Fue el fin de su invierno. A pesar de que era octubre.
El arma yacía en
el suelo, sin huellas, la lluvia, cruel borrador, eliminó los rastros de
cualquier prueba. Las ovejas salían a ver la luz, pero en frente tenían la
imagen más horrorosa de todas.
-
Llegaste
-
No me iba a hacer esperar
-
Sabía que vendrías
-
¿Qué es esto?
-
No es ni el cielo, ni el infierno
-
¿Entonces?
-
Es nuestro mundo
-
Aquí seremos felices y nadie nos
separará
-
Nadie
-
¿Sabías que te amo, no?
-
No tanto como yo.
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