“Tal vez era mejor que se supiera todo.
Apoyó entonces una mano sobre el hombro de su amigo. -Lamento muchísimo haberte
causado tantos trastornos”
Epidemia-
Robin Cook
A ella,
el cisne que me mostró una realidad
De la
manera a la que no me animaba a verla
Porque
dio su tiempo para demostrarle a un simple humano
La
grandeza de ver la realidad con los ojos de la inmortalidad
De un
simple servidor, Neitt .D
El febrero del mejor amigo del diablo
Si no fuera porque
soy muy mentiroso, les diría que fue un mes normal aquel febrero de 1972. Pero
quien llegó hasta aquí, le va a tocar saber la verdad que sufrí, la verdad que
palpé con mis propias manos sobre la congelada capa que divide la cordura, de la masacre.
Nacido en
Bournemouth, al sur de Inglaterra, agradezco a la vida haberme hecho para
durar, para dar testimonio, de hechos reales tales como la magia y demás. No es
que sea una persona optimista, pero en verdad, de todos los humanos con los
cuales pude llegar a hablar, tuve que hablarle a Bradley Junxton.
¿Quién será? Se
preguntaran, bueno, Bradley era un londinense huérfano, con aspiraciones de un
francés. Alto, moreno, bastante apuesto para la perspectiva de un hombre. El
destino lo dotó de una inteligencia sublime, digna de envidiar. Cuando llegó a
mi curso ese enero, se sentó al lado mío y entablamos una charla, por los
límites de lo agradable. Entonaba con una voz dulce, ronca pero dulce. Tenía
sueño, me lo hacía notar cada 15 segundos
con un nuevo y sonoro ronquido.
Si de primer
impresión estamos hablando, tuve una buena.
Pero no es oro todo lo que reluce. Pronto pasamos de ser dos simples
desconocidos a ser inseparables hermanos. Y así enero dio paso a febrero.
Febrero trajo
consigo, un mes de tormentas, fuertes vientos y heridos alcanzados por rayos,
entre ellos un vecino, y así como trajo malestar temporal, trajo además un
augurio de que ya nada sería lo mismo.
Brad como lo había
notado, era un chico normal, pero yo era (y lo sigo siendo) un gran mentiroso,
así que lo más normal que hacía ese chico era respirar, es más, creo que ni el
hábito de comer compartíamos.
No sé porque,
pinté mis trazos en la historia con comedia, si la misma roza los límites de la
tragedia.
Un interlocutor
tan atento como lo eres tú, se hubiera percatado que un chico como lo fui, no
fue hecho para soportar cosas terribles, pero Brad me ayudó a soportarlo.
Los primeros días
de febrero amenazó la lluvia, y ésta no era la única cosa amenazante. Se
llamaba John, su apellido no lo recuerdo, pero no tiene importancia, lo que si
importa, es que hacia rato me venía haciendo penosa la existencia, y Brad
terminó ocupándose de él, fue ahí cuando me di cuenta con el peligro en que me
había metido.
Para mantenernos
breves no contaré todo febrero, porque los mediados de ese mes no fueron de
demasiada importancia.
Los profesores se
volvieron más estrictos, una chica me rechazó en frente de medio colegio
riéndose de mi, y a John lo atropelló un coche dándole así sus últimos minutos
de vida en este cruel mundo.
Llegaba el martes
29, fue el primer año bisiesto que me percataba de que febrero, ese año, tenía
29 días. Llovía, llovía mucho.
No hubo un solo
día en ese mes que no estuviésemos juntos Brad y yo. Así que la gente ya se
acostumbraba a sentir la presencia del dúo que se había formado. Bueno, está
bien, voy a dejar de mentir.
La gente no nos
quería, o por lo menos a mí por juntarme con él. Pero lo raro era que no se
metían con él, pero conmigo si. Yo era el débil.
Como dije, llovía
y mucho. Las usuales bromas no se hicieron esperar, y Brad Ya se había hartado
de esos tratos, pero él, era una persona callada.
La gota que
rebalsó el vaso.
Volvimos del
receso empapados, bueno solo Brad y yo, nos dejaron fuera, con la puerta
cerrada. Se reían de nosotros.
La furia de Brad
al entrar, parecía que lo había secado y despejado de sus húmedas ropas. Yo
seguía siendo el mismo algodón mojado.
Entró y saludó la
profesora, me regañó riendo por estar mojado. Alex, el sucesor de John, hizo un
chiste de mal gusto y todos lo aplaudieron y aclamaron, incluso la profesora,
entonces salí para ir a secarme un poco al baño.
Cinco minutos
tardé. Cinco minutos bastaron para que Brad, mostrara su ser interior, el que
yo conocía y adoraba.
Los gritos cesaron
y ahí entré yo. Brad estaba parado al fondo del salón con la cabeza de Alex
colgando de su mano, los intestinos de la profesora daban vueltas en un
ventilador, la chica que me rechazó, yacía sobre su mesa dividida al medio, con
su corazón reducido a dos piezas simétricas.
El curso pasó de
un agradable verde azulado a un bordo sangriento.
-
Confía en mí, no hay necesidad
para temer.- Dijo Brad.
Dos minutos tardé
en balbucear un simple “Esta bien”. Me quedé una hora parado viendo la escena.
Brad se había ido en un abrir y cerrar de ojos, y me quedé solo. Solo por
horas, contemplando la escena, con un cuchillo ensangrentado en la mano y la
cabeza de Alex en la otra.
Y así finalizó mi febrero, el resto es
historia, como tu lo sabrás, interlocutor perspicaz.
Brad no volvió
más. En la escena de la masacre, solo se encontraron huellas mías, como si él
hubiera borrado todo, y entonces irrumpieron los policías. Lo único que me dejó
tranquilo era que yo sabía que había sido Brad.
-
¿Otra vez hablando solo? Vamos, es
tiempo de tu dosis de Halopidol, Neitt.
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