jueves, 14 de junio de 2012

El febrero del mejor amigo del Diablo


“Tal vez era mejor que se supiera todo. Apoyó entonces una mano sobre el hombro de su amigo. -Lamento muchísimo haberte causado tantos trastornos”
Epidemia- Robin Cook

A ella, el cisne que me mostró una realidad
De la manera a la que no me animaba a verla
Porque dio su tiempo para demostrarle a un simple humano
La grandeza de ver la realidad con los ojos de la inmortalidad
De un simple servidor, Neitt .D
 

El febrero del mejor amigo del diablo


Si no fuera porque soy muy mentiroso, les diría que fue un mes normal aquel febrero de 1972. Pero quien llegó hasta aquí, le va a tocar saber la verdad que sufrí, la verdad que palpé con mis propias manos sobre la congelada capa  que divide la cordura, de la masacre.
Nacido en Bournemouth, al sur de Inglaterra, agradezco a la vida haberme hecho para durar, para dar testimonio, de hechos reales tales como la magia y demás. No es que sea una persona optimista, pero en verdad, de todos los humanos con los cuales pude llegar a hablar, tuve que hablarle a Bradley Junxton.
¿Quién será? Se preguntaran, bueno, Bradley era un londinense huérfano, con aspiraciones de un francés. Alto, moreno, bastante apuesto para la perspectiva de un hombre. El destino lo dotó de una inteligencia sublime, digna de envidiar. Cuando llegó a mi curso ese enero, se sentó al lado mío y entablamos una charla, por los límites de lo agradable. Entonaba con una voz dulce, ronca pero dulce. Tenía sueño, me lo hacía notar cada 15 segundos  con un nuevo y sonoro ronquido.
Si de primer impresión estamos hablando, tuve una buena.  Pero no es oro todo lo que reluce. Pronto pasamos de ser dos simples desconocidos a ser inseparables hermanos. Y así enero dio paso a febrero.
Febrero trajo consigo, un mes de tormentas, fuertes vientos y heridos alcanzados por rayos, entre ellos un vecino, y así como trajo malestar temporal, trajo además un augurio de que ya nada sería lo mismo.
Brad como lo había notado, era un chico normal, pero yo era (y lo sigo siendo) un gran mentiroso, así que lo más normal que hacía ese chico era respirar, es más, creo que ni el hábito de comer compartíamos.
No sé porque, pinté mis trazos en la historia con comedia, si la misma roza los límites de la tragedia.
Un interlocutor tan atento como lo eres tú, se hubiera percatado que un chico como lo fui, no fue hecho para soportar cosas terribles, pero Brad me ayudó a soportarlo.
Los primeros días de febrero amenazó la lluvia, y ésta no era la única cosa amenazante. Se llamaba John, su apellido no lo recuerdo, pero no tiene importancia, lo que si importa, es que hacia rato me venía haciendo penosa la existencia, y Brad terminó ocupándose de él, fue ahí cuando me di cuenta con el peligro en que me había metido.
Para mantenernos breves no contaré todo febrero, porque los mediados de ese mes no fueron de demasiada importancia.
Los profesores se volvieron más estrictos, una chica me rechazó en frente de medio colegio riéndose de mi, y a John lo atropelló un coche dándole así sus últimos minutos de vida en este cruel mundo.
Llegaba el martes 29, fue el primer año bisiesto que me percataba de que febrero, ese año, tenía 29 días. Llovía, llovía mucho.
No hubo un solo día en ese mes que no estuviésemos juntos Brad y yo. Así que la gente ya se acostumbraba a sentir la presencia del dúo que se había formado. Bueno, está bien, voy a dejar de mentir.
La gente no nos quería, o por lo menos a mí por juntarme con él. Pero lo raro era que no se metían con él, pero conmigo si. Yo era el débil.
Como dije, llovía y mucho. Las usuales bromas no se hicieron esperar, y Brad Ya se había hartado de esos tratos, pero él, era una persona callada.
La gota que rebalsó el vaso.
Volvimos del receso empapados, bueno solo Brad y yo, nos dejaron fuera, con la puerta cerrada. Se reían de nosotros.
La furia de Brad al entrar, parecía que lo había secado y despejado de sus húmedas ropas. Yo seguía siendo el mismo algodón mojado.
Entró y saludó la profesora, me regañó riendo por estar mojado. Alex, el sucesor de John, hizo un chiste de mal gusto y todos lo aplaudieron y aclamaron, incluso la profesora, entonces salí para ir a secarme un poco al baño.
Cinco minutos tardé. Cinco minutos bastaron para que Brad, mostrara su ser interior, el que yo conocía y adoraba.
Los gritos cesaron y ahí entré yo. Brad estaba parado al fondo del salón con la cabeza de Alex colgando de su mano, los intestinos de la profesora daban vueltas en un ventilador, la chica que me rechazó, yacía sobre su mesa dividida al medio, con su corazón reducido a dos piezas simétricas.
El curso pasó de un agradable verde azulado a un bordo sangriento.
-          Confía en mí, no hay necesidad para temer.- Dijo Brad.
Dos minutos tardé en balbucear un simple “Esta bien”. Me quedé una hora parado viendo la escena. Brad se había ido en un abrir y cerrar de ojos, y me quedé solo. Solo por horas, contemplando la escena, con un cuchillo ensangrentado en la mano y la cabeza de Alex en la otra.
Y así finalizó mi febrero, el resto es historia, como tu lo sabrás, interlocutor perspicaz.
Brad no volvió más. En la escena de la masacre, solo se encontraron huellas mías, como si él hubiera borrado todo, y entonces irrumpieron los policías. Lo único que me dejó tranquilo era que yo sabía que había sido Brad.
-          ¿Otra vez hablando solo? Vamos, es tiempo de tu dosis de Halopidol, Neitt.

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